El post anterior ha merecido la reacción de Gonzalo Alcalde. Dado que los mensajes en el haloscan se borran tarde o temprano prefiero pegar aquí dicho comment y responder algunas cosas:
No tiene sentido: ¿cómo así lo que dice una persona de un grupo (Arturo Vigil) que edita una revista, a título personal y en otro medio, puede servir para caracterizar a todo ese grupo de gente? Si ese sujeto tiene actitudes reprochables, ¿es motivo suficiente para descalificar un mensaje de otra persona cuyo argumento se relacionaba con OTRO tema? Porque debo decir que la persona que entrevistó a Erwin Flores SÍ se guardó la información personal de él, pero sólo a pedido de él mismo que no quería que lo estén molestando. Como dije en otro lugar, si no me crees, pregúntale. Está en Lima.
"Sucede con el rock, con Los Saicos, cuando es escasa y oscura la información se convierte en la mejor mercancía, toda una minita que hay que mantener a buen resguardo de dar a cualquier hijo de vecino o advenedizo. No vaya ser que malee la plaza, que nos roben el show." Me indigna que ridiculices así un mensaje que tenía la´única intención de reivindicar a Los Saicos y NINGÚN afán de de encaletar cosas ni de protagonismo. Me importa un carajo lo que haya dicho Arturo Vigil. Mi argumento no tiene ni mierda que ver con él.
En primer lugar es cierto que no es justo generalizar y hablar por todo el equipo de Sotano Beat, cuando quien escribió dicho artículo fue Arturo Vigil para Only Sixties, pero refierièndose evidentemente a una entrevista aparecida en una Sotano Beat, echa por él mismo, cuando era parte del equipo de dicha publicación de la cual fue fundador. En todo caso el reproche va dirigido a él y no a los demás.
Ahora bien parece que hay una confusión de parte de Gonzaleo, pues yo no he hablado de él, ni de Erwin Flores, sino concretamente de la actitud de Arturo Vigil de encaletarse la información sobre el paradero de Rolando Carpio, quien estaba en Lima, Erwin Flores, muchos lo sabíamos, radicaba en el extranjero.
No ha sido mi intención ridiculizar una situación, no me he querido burlar de nadie, simplemente que me indigna leer cosas como esa que escribió el señor Vigil, eso de “advenedizo e hijo de vecino” son expresiones que me parecen fuera de lugar y que se traen abajo cualquier buena intención que haya de fondo.
Por otro lado, ok, el correo enviado por Gonzaleo giraba en torno a que no era merecido para Juan Carlos Guerrero atribuirse ese título de “enlace con los saicos”. Pues no sé hasta que punto preocuparse por eso tiene algún tipo de trascendencia. Es cierto, Guerrero carece de la vasta cultura musical que tienen todos los Sotano Beat y el propio Gonzaleo, pero bueno pues, tuvo la idea de involucrarse y gastar esfuerzos en este homenaje y su iniciativa aunque les disguste a algunos es loable, pues finalmente lo que queda es el reconocimiento y la placa.
En todo caso hay que decir que el verdadero artífice de este homenaje fue Guillermo Llerena, quien ha sido un incansable difusor del rock peruano de los 60s y 70s y testigo presencial de aquellas épocas (ex tecladista de Los Yorks), y que al margen de estas disputas, su nombre ha pasado totalmente desapercibido, en gesto de humildad. Y bueno, creo no hay porque hacer más conflicto con este tema, solamente esperemos que la visita y la condecoración de Los Saicos no quede como un hecho anecdótico, que no sea sólo fiesta de un día, sino que la reivindicación tenga algún tipo de trascendencia, que movilice cosas concretas y que sea el inicio de muchas otras actividades.
Respecto a la presentación del sábado en la que los Manganzoides tocaron la célebre Demolición teniendo como invitado al propio Erwin Flores en la voz (y con Rafo Komodo y Cesar N en los coros), pues sólo tengo que decir que fueron los cinco minutos más gloriosos que he tenido en años, en años. Lo tengo todo grabado en mi mini dv. Espero pronto pasarlo a un dvd y hacérselos llegar a los interesados. En los próximos días espero postear mi crónica del concierto.
Tuesday, May 30, 2006
Los Saicos, versión II (y que se acabe)
Monday, May 22, 2006
Los Saicos o la manzana de la discordia

Supongo que a estas alturas muchos ya se habrán enterado que Los Saicos serán condecorados este 27 de mayo en la municipalidad de Lince. Juan Carlos Guerrero, recordado por su programa radial Zona 103, es quien oficiará de maestro de ceremonias y quien es el “enlace con Los Saicos”. Esta auto atribución de “enlace” le ha molestado a Gonzalo Alcalde (aka Gonzaleo), guitarrista de los geniales Manganzoides, quien reprueba dicha actitud, a través de un correo que ha enviado, alegando una impropiedad en la conducta de Juan Carlos Guerrero.
Toda esta situación es bastante simpática y bueno, voy a explayarme al respecto. Antes que nada hay que señalar que la condecoración que se hace a Los Saicos me parece de lo más encomiable, pues lo ameritaban hace tiempo, cuando Rolando Carpio estaba vivo aún, más allá de que sea quien sea el que se lleve el crédito de salvador de la memoria. Me parece además que es una condecoración significativa en el sentido de que no es la única que se hace a un olvidado músico peruano por estos días. Ya se ha realizado una a Yma Sumac, ahora vienen los Saicos (sin decir que en el programa La ventana indiscreta hicieron una panorámica revisión sobre el rock peruano que incluyó entrevistas a integrantes de Los Saicos, Traffic Sound, El Polen, Pax, etc, algo que no es usual ver en un programa peruano de señal abierta y menos de “antena caliente”). Por otra parte para dentro de un par de meses se anuncia una exposición documental sobre los ilustres poco conocidos músicos peruanos de vanguardia de los años 60s (César Bolaños, Edgar Valcarcel, Leopoldo La Rosa, etc).
Lo que me parece curioso es que todas estas actividades reivindicativas vengan muy juntas, es casi una oleada de nostalgia de propuestas, digamos, radicales, de riesgo, de las que se espera formen parte de una vez por todas de nuestro imaginario y salgan de ese ámbito de oscuridad en el que se han estado moviendo.
La trascendencia de Los Saicos es conocida mundialmente, y que duda cabe, han sido el mejor grupo de rock que tuvo el Perú en los años 60s, y quizá uno de los mejores de Latinoamerica en aquel entonces y aquí, si bien con un éxito rotundo en su momento (mi padre siempre me cuenta que una fiesta no podía acabar sino ponían la clásica Demolición), han quedado relegados a sólo ser un “grupo de culto”. Lo mismo sucede con Yma Sumac, lo mismo sucede con gente como Bolaños y Valcarcel, grandes exploradores de la novísima música electrónica en los 60s.
Justo ayer leía una entrevista que le hacían a Augusto del Valle, a propósito de la muestra que acaba de inaugurar en el Museo de Arte, para el ciclo “Miradas de fin de siglo”, un ciclo de exposiciones que busca reflexionar sobre la creación en el Perú, dice sobre la plástica nacional, a propósito de una pregunta que le hacen respecto a las transformaciones sociales en los años 50s, y de un proceso de democratización ligado a los fenómenos migratorios de aquel momento: “es un fenómeno de doble filo. La otra cara de esa democratización ha sido la disolución de formas culturales que institucionalmente se creían pertinentes para la población, para el ciudadano común. Y este es un tema importante: solo si hay institucionalidad que crea discurso se puede generar una dialéctica interesante con otra gente, más joven, que viene a negar ese discurso, a discutirlo. Pero si esta institucionalidad es débil, y no formula discurso, entonces estamos en una suerte de deriva existencial de la cultura.”.
Esa deriva existencial de la que habla Del Valle puede también encontrarse en el rock peruano, y también en otras formas musicales peruanas. Esa deriva es lo que creo explica en parte que para ir al pasado musical peruano (al de hace 30 o 40 años) haya que convertirse en una suerte de Sherlock Holmes. Pero al parecer el efecto empieza, felizmente, a revertirse de a pocos. Hay más gente interesada en sacar las cosas a la luz, en devolver a los artistas a su sociedad, hay un espíritu de investigación y de querer armar el rompecabezas, lo que me parece muy estimulante y lo veo no sólo en cuestiones de música, sino también de literatura y artes plásticas, gente joven que está sacando a la luz e investigando sobre autores y artistas importantes, que no han sido muy difundidos, demostrando que hay mucho por hacer, mucho por explorar y explicar. 
Y bueno, es aquí que quiero regresar al punto inicial sobre el reproche que Gonzaleo le hace a Juan Carlos Guerrero. No me voy a meter en la discusión de si está bien atribuirse eso de “enlace de los saicos”, lo único que espero es que Guerrero no ponga trabas para poder hablar con Los Saicos pues es allí donde está la semilla del conflicto y donde tengo que discrepar con Gonzaleo cuando dice: “Hace cerca de 4 años fui el primero en entrevistar a Erwin Flores (a raíz de que el se acercara por correo electrónico por un interés en escuchar el cover de "El Entierro de los Gatos" que grabara mi grupo en el 99), para el fanzine Sotano Beat, quienes ya habían logrado la modesta (lo digo por la humildad y respeto que los caracteriza) hazaña de ubicar y entrevistar por primera vez a un Saico, el fallecido guitarrista Rolando Carpio. Sin alharacas ni aspavientos, estos fueron los puntos de partida para que mucha otra gente (incluida Olenka Zimmermann y muchos mas) se animara a acercarse a Los Saicos sobrevivientes. Pero jamás nos hubieramos atrevido a llamarnos "enlaces con los Saicos".”
De Sótano beat, tengo que decir que el trabajo que han hecho edición tras edición ha sido valiosísimo para poder redescubrir a toda una generación de rockeros peruanos de los años 60s, de quienes no existía mayor documentación.
El trabajo de Sótano beat fue en ese sentido siempre loable pero creo que también pernicioso en un punto y es que parecían estar muy contentos con reducir a “grupo de culto” a tantos grandes grupos peruanos de los 60s, en el sentido de mantener en resguardo cierta información que permita llegar a ellos directamente. Hablo concretamente de Arturo Vigil, redactor de Sótano Beat, quien en Only Sixties, una nueva publicación dedicada al rock de los 60s escribió esto, a propósito del fallecimiento de Rolando Carpio, guitarrista de Los Saicos: “”Rolando Carpio, de profesión ingeniero de sistemas, tenía una pequeña oficina que estaba ubicada en una calle de Mariscal Las Heras (Lince) y, es ahí donde realizamos la entrevista que despejó muchas dudsa de esa mítica banda. y por mi parte, yo siempre me opuse a dar a cualquier hijo de vecino o advenedizo, la dirección de Carpio, porque creo que este privilegio, nos correspondía solamente a aquellos que verdaderamente amábamos la música de Los Saicos y todo el sonido sixties peruano y además porque sigo creyendo que teníamos por derecho propio, que guardarnos algunas informaciones y por cierto, tengo a buen recaudo los audios originales de dicha entrevista, que las conservo como verdaderos trofeos de guerra, por así decirlo”
Pues no veo ni por asomo algo que se le parezca a la humildad en esas oraciones y sí más bien pura y nociva arrogancia, una actitud infantil de “no te invito mi torta” que francamente me parece patética. Uno de los momentos más lamentables del periodismo musical en el Perú, la confesión pública de un avaro de la información. Con todo el respeto que me merece y sin menospreciar la información valiosa que pueda haber brindado, actitudes como esa, estimado Arturo Vigil, de “guardarnos algunas informaciones” han sido el peor daño que le pudieron hacer a Los Saicos, pues quizá Rolando Carpio pudo recibir la condecoración cuando estuvo vivo.
Y no es el único. Nunca va faltar en Lima alguien que se guarde información. Como el tipo este que vende rock peruano en Quilca, y que asegura tener una cinta de vhs con las presentaciones en la tele de Los Saicos, El polen, El álamo, etc. material visual que se cree perdido. Y bueno, el tipo te hace salivar por varios minutos hablándote de sus joyas y cuando tu le dices, ¡lo quiero! te dice: “no flaquito, no se lo muestro a nadie y no lo voy a pasar a dvd porque de vhs es más difícil que alguien lo copie.” Y así, hay muchos otros casos que prefiero ya no contar para no hervirme más el hígado.
Pero entiendo las razones que hay detrás de todo esto. Tiene que ver con que un amigo hace unos años vendiera un vinilo de Laghonía en 300 dólares. O sea, es como pretender legalizar la cocaína, si lo haces baja el precio rotundamente y posiblemente ya no sería un buen negocio. Sucede con el rock, con Los Saicos, cuando es escasa y oscura la información se convierte en la mejor mercancía, toda una minita que hay que mantener a buen resguardo de dar a cualquier hijo de vecino o advenedizo. No vaya ser que malee la plaza, que nos roben el show.
Pero bueno, aprovechen el pánico, robaron la joya y ahora es de todos. Los Saicos este sábado 27 a las 10.30 de la mañana en la intersección de las calles Miguel Iglesias y Julio C. Tello, en Lince. Vayan y graben, filmen, entrevístenlos, invítenles una cerveza, diganles para jammear y graben el ensayo, lleven sus afiches, posters para que se los autografíen, tómense fotos, bésenlos, arránqueles un brazo, sáquenles el jugo que es una oportunidad única. Enciendan el hilo de pólvora. Luego no se quejen. Están avisados. Nos vemos allí.
Wednesday, May 17, 2006
Fiesta de monstruos

Este viernes 19 también hay una fiesta, en el local de la concha. El año pasado me divertí un montón en ese lugar y bailé hasta las 5 de la mañana. Mis queridos amigos vuelven a organizar una fiesta allí, de paso festejan un par de cumpleaños muy especiales. Han prometido piñata gore. No falten.
(haz click en la imagen para agrandar)
Elástica

Bueno, el viernes los Catervas presenta su nuevo video del tema Elástica, que está incluido en su disco Semáforos. Elástica es la canción que más me gusta de ese disco y me entusiasma que haya un video. espero poder estar allí y sino ustedes igual no falten. La presentación es este viernes 19 en el Centro Cultural de España. La entrada es libre y todo empieza a las 8.30 pm más información aquí.
Thursday, May 11, 2006
Jardín Solar en Lima

Mañana viernes en el Centro Fundación Telefónica y el próximo miércoles 31 en La Noche de Barranco se presentan, desde Trujillo, los chicos de Jardín Solar. Vale la pena darse una vuelta por allí para apreciar a este novel proyecto de pop electrónico. Nos vemos allí. Aquí les pego la información:
Viernes 12 de mayo
Hora: 7.00 p.m.
Espacio: Centro de Documentación
Lugar: Centro Fundación Telefónica
Dirección: Av. Arequipa 1155, Lima
Ingreso libre / Capacidad Limitada
Miércoles 31 de mayo
Presentación de Automatic Entertainment
Hora: 10.00 p.m.
Lugar: La Noche de Barranco
Bandas: THEREMYN_4 / RESPLANDOR / JARDIN SOLAR en vivo.
Entrada: S/10.00
Pueden visitar: http://jardinsolar.blogspot.com/
Monday, May 08, 2006
Una historia de desaparecidos
La llegada de Yma Sumac al Perú ha tenido una acogida discreta. Ha venido a recibir muchas condecoraciones. Nunca es tarde, aunque ciertamente ha tenido que esperar muchos, pero muchos años para que aquí se la reconozca y aún es incompleto, el mejor reconocimiento está en difundir su obra, en hacer una edición nacional de toda su discografía, en permitir que llegue al público. Yma Sumac es uno de esos casos excepcionales, una de las voces más fascinantes de la música del siglo XX, con un registro de voz tan amplio que según dicen los especialistas podía ocupar todos los papeles de una ópera. Es mundialmente reconocida y admirada, incluso entre público muy joven debido a que a su talento vocal se la unía una audacia totalmente visionaria de fusionar diversos estilos musicales, que podían ir del folklore, al jazz e incluso al rock.
Yma Sumak es sin embargo una ilustre desconocida en el Perú. No es algo que me sorprenda. El Perú tiene una capacidad desbordante para desaparecer a sus artistas, para borrarlos por completo de la historia.
En el caso de la música la cosa es más alarmante, porque si te interesa la literatura tienes el beneficio de la Biblioteca Nacional o la biblioteca de la universidad, o bibliotecas públicas. Pero en el caso de la música no existe lo que podríamos llamar una documentación accesible y esa es la principal razón para que un artista desaparezca: que no puedas conseguir su obra, y aquí con los músicos eso ocurre todo el tiempo. Pasa con Yma Sumac incluso, no es tan fácil conseguir un disco de ella, y siendo la clase de artista que es, hay que rebuscar bastante para llegar. O sea bien, existe información sobre música folklórica, toneladas de libros, ediciones de discos muy buenas del instituto Riva Agüero, pero qué pasa con todo el otro espectro, qué pasa con el jazz, con la música académica de vanguardia, incluso con el rock de los años 60s y 70s, con los subtes de los 80s, con los electrónicos y experimentales de los 90s y post 2000.
El punto es que más allá de las condiciones de tiraje de cada quien, más allá del trabajo que realice cualquier disquera independiente, lo que falta es una especie de espacio que permita que la música producida por peruanos pueda ser accesible a todos. Pienso que eso podría y debería ocurrir con la Biblioteca Nacional y el Conservatorio (su nombre debería hacer más justicia), sus discotecas deberían promover a que todo artista joven deje allí una copia de sus discos, así se trate de un tiraje de dos copias, sea el estilo que sea, una debería estar en estas discotecas con el fin de que sea un documento a preservarse. ¿Se imaginan con la novísima Biblioteca Nacional la cantidad de gente que podría entrar a la sala de audiovisuales, ver la lista de discos disponibles para oír y encontrar que allí están todas las maquetas de los 80s, los discos de los electrónicos, en fin, encontrar allí toda esa música que no vas a encontrar tan fácilmente en Lima?
No sé si esta idea haga que las cosas cambien, pero al menos en el futuro habrá algo de qué comentar y lo que es mejor, un documento, una prueba, algo que sea indeleble. Nos gusta la música y está bueno, pero vamos, también debería gustarnos un poco la historia.
Monday, May 01, 2006
nñalskdfrock!!! en el eka bar
Bueno, no lo teniamos previsto pero se dio. Este mièrcoles 3 de mayo en el Eka Bar (Esperanza 375 Miraflores) hay otro concierto màs, para alegría de algunos y rabia de otros. Tocan tres grupos. El ineludible Alan Poma, y dos grupos que haran su debut en los conciertos de Autobus: KK y Huayco de amor. KK es un duo conformado por German "chino namah" de los extintos Viajeros y Alfonso Vargas, actual batero de Liquidarlo Celuloide. Hacen una suerte de grindcore psicodelico absurdista, aunque para Alfonso es sólo "cualquier huevada". Luego del concierto sacaremos las conclusiones.
Huayco de amor es el proyecto unipersonal de Efrain Rozas, y consta sòlo de voz, percusion y un teclado. Tiene una onda medio tribal y tambien medio absurda. Tengo la impresion que debe gustarle mucho el free jazz y grupos como Residents. Sólo escuché un tema suyo pero me dejó muy intrigado de oír más. Luego del concierto sacaremos las conclusiones.
No falten, es gratis. Pasen la voz a sus amigos.
Tuesday, April 25, 2006
Cazando figuras con una Polaroyd
Merlín el mago al lado de Snoopy. Un máscara china recostada sobre un dragón. Un pequeño cofre de sillar, sin nada al interior, haciéndole sombra a un grillo de plástico y a un relicario de Fray Bartolome. Esos son todos los diminutos adornos que decoran mi repisa de discos. Confundido entre ellos está también la cajita con el Crépuscule de Polaroyd.
La historia dice que Roger es Lunik, un fanático de los Flying Sauccer Attack, ferviente lector de poesía, traductor y profesor de idiomas. Como Lunik Roger ha editado un par de discos muy interesantes, recogidos en edición doble bajo el nombre de Portanube. Dichos trabajos muestran su gran talento para la elaboración de canciones así como su poca habilidad, bien controlada, para terminarlas. Valga decir que antes de hacer canciones Lunik hace bocetos, borradores. A eso se le suma las condiciones ultraprecarias que asumiría para grabar dicho material: solamente se valió de una grabadora reportera, una guitarra eléctrica prestada por unas horas, el uso de su aspiradora para crear atmósferas, y su voz. Grabó una vez y los resultados no cumplían las expectativas: lo había hecho demasiado bien, demasiado limpio. Volvió a regrabar la cinta sobre otra cinta, así una y otra vez hasta que de tanto desgaste convirtió la grabación en una cosa no muy definida: el his se convirtió en el elemento clave de su sonido, aprovechándolo de una manera que superaba de lejos lo impresentable pero descubría a la vez un mundo propio. Le sacó el jugo a la posibilidad del Lo Fi (en calidad de audio hace ver un disco de Daniel Johnston como uno de Iron Maiden) y con eso definió un territorio personal: lo más cercano a una voz perdiéndose en la niebla, ahogándose en un crispado sonido de fondo armónicamente sucio, para lanzar desde allí uno que otro delirio apenas legible pero reconocible como eco poético. Si el célebre Further de los Flying Sauccer Attack es lo más cercano de oír en un canal a Nick Drake y en el otro a una lavadora industrial, Portanube se inclina a ser más un espejo de la sucia opacidad del cielo limeño, de ese melancólico y grisáceo manto que, vaya Dios a saber porqué, está allí encima de nosotros y de ese modo.
*
Llegado el día, Roger conoce a Ángela. Ángela conoce a Roger. Van a una sala de ensayo, graban dos temas y esos primeros intentos llevan el nombre de Polaroyd. La cosa va bien y un ensayo más los eleva al punto que deciden editar un disco. Lo graban en las condiciones más pulcras posibles pero usando apenas lo indispensable: sólo sus voces y un pequeño teclado Casio. Al poco tiempo tienen ya un pequeño álbum (una edición en mini cd) al que llaman Crépuscule, el primero de una trilogía (el segundo estaría ya a punto de salir). Los chicos están en vuelo.
Con Polaroyd las cosas han cambiado aunque se conservan ciertos postulados inherentes a las búsquedas de Roger. La edificación de un mundo personal que colapsa sin miedo con lo real. Ángela y Roger se convierten en Icaboh e Issey Satori. Abandonan su idioma natural y prefieren el inglés y el francés. Y en general todo el disco, desde el arte cuidadosamente trabajado como el sonido, busca documentar una fantasía, tétricas caritas amables y mundos de quimera, como diría Eguren, vienen a nuestro encuentro liberadas de esta suerte de minúscula caja de Pandora.
Crépuscule es austero. Y sin embargo hay cierto aire borroquista. Uno siente que esta música funcionaría bien con cellos, violines y un piano, pero es sólo un Casio y voz, y es asombrosamente suficiente. En cierto modo prefiguran ese mundo que algunos podrían vincular con la avanzada neogótico etérea de la 4AD. Aunque también es cierto que en Polaroyd hay erudicción, conocimiento e intuiciones, pocas ganas de anclarse en cualquier tradición que no sea para ir hacia adelante. La dupla bebe también del drone y sugiere pequeñísimos atisbos de improvisación. Hacen de su brevedad un trabajo de fina arquitectura, orfebrería de los mundos ficticios, un relato bien escrito, una historia bien contada. Si por un momento dejamos de limitar la poesía al terreno de lo escrito, Crépuscule es perfectamente un poemario musical, valga la redundancia, influido por la poesía romántica y el simbolismo.
Crépuscule ha sido una grata sorpresa para quienes disfrutamos de los paraísos y los infiernos de la imaginación. Un disco que ahora atesoro entre mis imprescindibles. Una delicattesen que tiene el encanto de lo sencillo y del misterio.
PD. Como el disco no se encuentra fácilmente (en realidad no se encuentra) les dejo aquí el mail para los interesados en adquirirlo.
Monday, April 17, 2006
Gepe: Un joven cantautor
Quizá el nombre de Daniel Riveros no le sea tan familiar a muchos en el Perú pero en Chile es toda una revelación. Riveros ha sacado adelante un proyecto solista llamado Gepe y con él un disco muy interesante que lleva por nombre Gepinto (previamente había editado un ep). A sus 23 años Riveros es un fanático total de Victor Jara y los Sonic Youth y puede jactarse de ser uno de los cantautores más prometedores de nuestro vecino país del sur.
Gepinto llegó a mis manos gracias a un buen amigo peruano residente en Chile quien con un fervor rosante con el fanatismo me instó a que escuchase este disco. Así lo hice y tengo que decir que desde entonces Gepinto ha sonado en mi equipo de manera casi religiosa. ¿Qué hace atractivo a Gepe? Supongo que emociona la fuerza interpretativa de Riveros. La capacidad de ir del sosiego a la euforia, una melancolía que traza puentes con la canción chilena y el intimismo folkie de Nick Drake. Un espíritu folklorista que teje relaciones con un mundo al que también ha estado expuesto, un mundo contemporáneo, cosmopólita, en donde cada cosa suena en su lugar. Un feliz matrimonio de la tradición y lo nuevo. Ese espíritu lo percibí también en Taller Dejao, la banda donde Riveros canta y toca batería (banda que participó de la compilación de grupos hispanoamericanos que editó Autobús). Pero Gepe tiene esa cosa que lo hace cercano.
Y es que en su forma de pensar Riveros es absolutamente de ahora, y por sobre todo, lúcido. Al escucha un tema como Namas la piel se me ha puesto de gallina. La intensidad de la canción se concentra en esas problemáticas líneas que me persiguen: “sino tengo na’ que decir sino tengo na’ que cantar pa’ que pierdo el tiempo entonces si lo dicho ya dicho está”.
Quien era este Gepe me preguntaba al escuchar el disco. Bueno, buscando en la red encontré una entrevista en la que Riveros, al ser preguntado si siente identificación con la movida folk que encabeza Devendra Banhart, concluye con una idea que me parece muy pertinente: "A mí lo que más me interesa mostrar es que creo que como chilenos o sudamericanos o no sé qué somos, lo que nos diferencia del mundo anglosajón es que somos súper precarios. Allá nacieron las orquestas, las bandas, las marchas. Y nosotros aquí con un cultrún. Entonces por qué no ver esto o mirarlo como en desmedro en pos de querer hacer una canción con cellos, vientos, trompetas. Eso no nos es fácil, y entonces nunca lo vamos a poder hacer".
En verdad, ahora que lo pienso (y el disco de Autobús es una prueba de eso), muchas buenas bandas independientes en Latinoamerica tienen, más allá del estilo, cierta austeridad en su sonido (ni que decir del Perú), cierta precariedad que hasta cierto punto las hace distintas y especiales, pues las obliga a encontrar nuevas salidas, las fuerza a emanciparse de esa pomposidad y las hace ser también un poco más crudas y directas.
Más adelante Riveros dice algo bastante que sin duda para muchos puede sonar polémico, a propósito también de estos tiempos de promiscuidad sonora y apertura: "Me gusta hacer tocatas con otra gente, con distintos estilos de música, para agrandar los públicos. Y ahora hay una tendencia a escuchar de todo, por el Soulseek más nada, una misma persona tiene carpetas de hip-hop, metal, ambient. Son signos de los tiempos que hay que escuchar y aprovechar. Es como de nuestra generación, porque yo veo en gente de 26 para arriba, como (Rodrigo) Santis, que tienden a no faltarle el respeto a los estilos. En cambio ahora a los pendejos les da lo mismo y en un compact... qué, ni siquiera escuchan compacts: en iPod, pueden tener cualquier cosa, una canción de Cyndi Lauper, de Madonna. Ni un respeto. Eso es lo mejor. Ni un respeto por las cosas. Simplemente admirarlas y absorberlas, todo el tiempo".
Sunday, April 16, 2006
El agua
En sólo cuestión de minutos la luna desapareció sepultada por una espesa masa de nubes blancas percudidas, dando inicio oficialmente al día. Todos estábamos sobre la arena de Punta Hermosa mirando una y otra vez como iban y venían las olas, llenando con conchitas y piedritas una botella vacía de cerveza, escuchando a alguien hablar sobre Eddie Murphy, sobre lo mucho que le gustaba el doblaje al castellano de Eddie Murphy: ”el tipo es pésimo, pero en castellano es increíble, soy fanático del que lo dobla”. Una risa, dos risas, tres risas. Suficiente. NO daba para más.
La fiesta en la casa se había acabado hacía una hora, o algo más. En caravana, algunos nos fuimos a ver el mar. Esa cosa romántica y gelatinosa que significa ir a ver el mar. Y nos quedamos allí. Viendo, beviendo, confundiendo una cosa con la otra. Hasta quedarnos dormidos.
En determinado momento subí hasta el borde de la pendiente para ver a mis amigos recostados sobre la arena. Al observarlos desde allí me acordé de una película llamada Begoten, allí se ve a unos seres que uno no puede determinar si pertenecen a una raza primigenia o si son los últimos sobrevivientes luego del Apocalipsis. Por un momento mis amigos me resultaron seres que habían colonizado la playa, que se habían integrado a la arena y al mar. Por un instante pensé también en los Nautiloides.
Pero nunca apareció un barco, ni a mis amigos les crecieron membranas, ni oficiaron rituales sangrientos, ni vimos a ningún dios-que-se-mata-así-mismo. Así que bajé de mi nube. Lo más cercano a la irrealidad que ocurrió fue que desapareció un vodka. Entero. Y nadie sabe como. Lo habían llevado para beberlo en la playa y este, con sólo un vaso servido, de pronto se esfumó. No pudo llegar hasta el mar pues estábamos a muchos metros de este, por lo tanto debía estar metido entre la arena, pero nunca apareció.
Luego todos nos levantamos y cada quien encontró su camino. Me fui a casa temprano. Debían ser las siete de la mañana tal vez. Dos horas de viaje. Dos horas dormido en el asiento delantero de una combi. Cuando llegué, mi madre y mi hermana se preparaban para ir a hacer su periplo respectivo. Las habían invitado a pasar el día a El Silencio. Dormí tres horas más y luego dejé pasar el rato escuchando música y acabando de leer un libro. A las cinco de la tarde me fui a Miraflores a visitar algunas galerías de arte que esperaba se encuentren abiertas. No fue así. Mientras iba yendo de un lugar a otro tuve un raro encuentro con fugas de agua. Subiendo por Comandante Espinar al Óvalo Gutierrez vi un tanque reventado en una esquina, botando un chorro enorme que convertía a la pista en un verdadero río. Me costaba creer que alguna calle de Miraflores estuviera alguna vez emposada de agua, pero así fue. Unos adolescentes en bicicleta emocionados por la aventura empezaron a cruzar una y otra vez, excitados de comprobar las bondades de sus montañeras todo terreno. Luego, ya cerca del Óvalo Gutiérrez, en una callecita colindante vi la cosa más artística que jamás he visto en mi vida en Miraflores. Qué galerías ni que Miro Quesada ni que ocho cuartos. Una tubería se había reventado justo en la fachada de una casa, de modo que, cual evacuación diurética, se elevaba por los aires un chorro majestuoso de agua que bañaba la ventana y el auto estacionado en el pequeño jardín. Por un instante dudé y creí que el sistema de riego se les habría estropeado pero grande fue mi sorpresa cuando vi que no había ninguna manguera ni caño abierto sino que el chorro provenía del medidor de agua cuya tapa había sido volada, dejando que la tubería rota y descontrolada bañe todo el lugar. El paisaje me parecía fascinante. Imperturbable como buen anochecer de un sábado de gloria. Me quedé contemplando un rato. Parecía que no había nadie en aquella casa. La gente pasaba haciendo una curva.
He visto muchas tuberías rotas, muchos fugas de agua, gente poniendo saquillos de arena a sus puertas, aguas negras correr llevando enfermedades, pero esto me pareció de una belleza casi celestial. El agua era cristalina y se esparcía dejando que la luz atraviese cada gota generando efectos prismáticos. La caída contra el auto y la ventana emulaba el sonido crocante de la lluvia sobre los árboles. Parece que exagero, pero no, era un espectáculo de reales dimensiones olímpicas. El anónimo autor de tan fastuoso evento debe sentirse orgulloso. Su trabajo a diferencia de tantos otros no sólo se reducía al mero acto provocador, a la mera intervención per se, “que malo soy” o cosas por el estilo. En su provocación había una búsqueda obsesiva de plasticidad, de equilibrio formal. Es lo que en buen lenguaje podríamos llamar un esteticista. Pero aquello era lo obvio. Lo complejo radicaba en la forma como articulaba discursos que venían de igual modo del land art, la escultura contemporánea, cierto hiperrealismo, el minimalismo, el arte conceptual, la performance y la imagen publicitaria. La acción del individuo parecía reducirse a una instrucción que podría sintetizarse así: “profane un medidor de agua, rompa su tubería y dejé que los chorros bañen los alrededores.“ Ignoro si era en el terreno del lenguaje donde al anónimo autor le gustaba moverse, en los intersticios, si de existir una instrucción previa, por ejemplo, descubramos que todo esto se trataba de una performance musical como las del viejo Paik. Nunca lo podremos saber y quizá allí radica lo extraordinario de todo esto: el autor como una entidad subversiva y anónima que a su paso por la ciudad deja su huella catastrófica pero llena de belleza. Aparentes hechos fortuitos que de pronto reconfiguran nuestro paisaje cotidiano y lo vuelven hermoso en su terrible realidad. Y es que no sólo somos expuestos a la fragilidad de las construcciones donde vivimos sino también al deterioro que carga nuestra urbe. Metonimia de una ciudad. Un chisguetazo como síntesis del tiempo que se pierde y no vuelve. La erosión. Una fuga que los barrios más pudientes no pueden esconder. Cambian los elementos, el espacio, el distrito, pero la acción simbólicamente se efectúa, los hechos ocurren y connotan, el agua fluye, chorrea, como signo que quiere establecer un nuevo punto de partida, un cauce nuevo, una transformación: un ejercicio de limpieza.
Absorto y conmovido abandoné el lugar. Estaba hecho una centella y tenía tantas ganas de contarle a la gente lo que acababa de descubrir. Pero no dije nada a nadie, y creo que nadie parecía notarlo. Quizá algunos que pasaron por allí se habrán llevado una grata impresión. Otros quizá vieron el chorro y les pareció pintoresco o les molestó simplemente que les salpicara el agua.
Llegué a mi casa por la noche. Había estado caminando por más de tres horas de un lugar a otro. Estaba cansado. Encendí un rato el televisor y vi que estaban dando un programa cómico, se trataba de una secuencia en la que había un concurso de comediantes. Algunos de los chistes estuvieron buenos. Mi papá se reía desenfrenadamente. Al acabar el programa a él se le ocurrió contarme algunos chistes también, ya que estábamos en el tema. Estuvo sin gracia, pese a sus reiterados intentos y entonces prefirió hacer un gesto: alzó un puño y me dijo ¿sabes qué es esto? No, le dije. Y colocó sus dos puños, uno pegado al otro, y dijo: es la mitad de esto. Tras un rato de silencio, me empecé a reír y no sabía exactamente porqué.