Bueno, creo que finalmente podré descansar un poco. Entre la revista, la universidad y lo del concierto estoy molido (no les voy a detallar los mil y un contratiempos que tuve, y que aun no terminan!!). Por lo pronto espero un buen concierto el miércoles. Ya saben, no falten que estará muy bueno, muy raro, muy todo. Super económico, super free, etc. Amenizaran la noche: Alan P, Liquidarlo Celuloide, Tanuki Metal, No Más Luz. Intervenciones especiales Kaboogie y posiblemente una reunion de los legendarios KK. Todo esto, este miercoles 21 de diciembre en el Eka Bar. Pasen la voz. La entrada es gratis. Habrá Autobús a la venta. 
Monday, December 19, 2005
Este miércoles
Sunday, December 11, 2005
Sobre la pequeña experiencia
Salió, luego de mucho tiempo de espera Autobús está nuevamente en las calles. He puesto un post con el contenido de la revista y los lugares de venta, apenas me desocupe de mis obligaciones universitarias dejaré la revista en más lugares.
Y para celebrar la salida del número 2 hemos organizado una pequeña tocada íntima entre algunos grupos. Esto se realizará el miércoles 21 de diciembre en el Eka Bar (Esperanza 375- Miraflores). He puesto también un post con el aviso (ùltimo minuto!!, se han sumado algunos invitados sorpresa a ese concierto, ya estaremos informando).
En enero se realizará la presentación oficial del disco y la revista con un concierto en el que tocará Resplandor, Rayobac y Manganzoides. A su debido momento les estaré avisando de la fecha y el lugar.
Por otra parte, más adelante iré subiendo algunas pequeñas entrevistas con los grupos que aparecen en el compilatorio que viene con la revista, de modo que podrán tener un intercambio de opiniones con ellos a través de los comments si así lo desean.
Eso es todo creo, compren la revista y me comentan.
Experience!!

Autobús! Otra vez en las calles
Ya salió Autobús Nº 2
Fanzine impreso + disco
Desde el martes 13 de venta en Agh Music (tiendas 59b y 31b de Galerías Brasil, cuadra 12 Av. Brasil, Jesús María), Pulga la tienda (Berlín 325 - Miraflores), librería Contracultura y puerta de la universidad Católica. Próximamente en más lugares.
En este número
Dossier/homenaje a la No wave, escena neoyorquina de fines de los setenta, de donde germinaron grupos fundamentales como Sonic Youth, DNA, Mars y un puñado de bandas ferozmente guitarreras. El dossier incluye un extenso artículo introductorio, una revisión discográfica, una nota sobre la siempre sugerente Lydia Lunch y el testimonio exclusivo de Mark Cunningham, integrante de Mars, una de las bandas capitales de la movida.
Black Dice está renovando el sonido del rock experimental y ampliándolo hacia nuevos territorios. Barbarian rock le dicen, o nuevo noise. Siempre será un placer hablar de ellos y con ellos.
Nueva York es el epicentro musical de la actualidad. Y James Murphy es uno de los responsables, con su LCD Soundsystem ha puesto a bailar a medio mundo. Nosotros no pudimos resistimos.
¿Quién es Alan Courtis? Nosotros también quisiéramos saberlo. Hablamos largo con él, sobre sus proyectos y sobre Reynols, una de las bandas más desconcertantes de la que tenemos conocimiento. Ya sabrán porqué.
La escena independiente uruguaya pasa por un momento de feliz creación y aquí en primicia se las presentamos gustosamente. De paso entrevistamos a Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll directores de la célebre 25 watts y de la reciente Whisky.
Adam Green ha crecido. Nosotros también. Sepa un poco más de este singular songwriter quien gentilmente nos responde algunas preguntas.
¿Qué tanta cosa con el underground electrónico y experimental local? Revisamos minuciosamente sus comienzos, sus avatares, sus tensiones, y algunos grupos que supieron marcar una pauta. Un largo especial que incluye testimonios de Cocó Revilla (Silvania/Ciëlo), José Javier Castro (El Aire), Oscar Réategui (Dios Hastío/Sangama), Erick Bullón (Maximum Terrorem/Error Genético) y Juan Diego Capurro (Liquidarlo Celuloide).
Además:
Notas sobre Catervas, Batman, Caribou, Four Tet, Wilderness, Clap Your Hand Say Yeah, NIN, Covox, Le Tigre, Gruff Rhys, Brian Eno, Kinski, Pixies, Bloc Party, Miranda, Fog, Hood, etc.
Pero eso no es todo, con la revista también debes reclamar el compilatorio Niño dopado mirando el cielo, disco que sirve de muestrario de lo que ha estado ocurriendo en el variopinto mundo del rock independiente hispano, un disco armado especialmente y que incluye a los argentinos Travesti ,El Tío Pastaflora , Rosario Blefari y Voltura; los españoles Balago, Vacaciones y Portonovo; los mexicanos Pepito ; los uruguayos Los Buenos Muchachos,La Hermana Menor y
The Supersonicos; los brasileños FuzzFaces, Autoramas y Transistors; los chilenos Familea Miranda y Taller Dejao ; los puertoriqueños Introdujos y los peruanos Manganzoides, Resplandor, Crossota y Rayobac.
Eso y más en las páginas de Autobús, por sólo 10 soles.
Para consultas, deliverys y más no dejen de escribir a unautobus@gmail.com o llamar al 97819862.
Buenos deseos
L.
Tuesday, November 29, 2005
Tarwater este jueves
La temporada de conciertos continúa en Lima. Este jueves primero de diciembre los alemanes Tarwater se presentan en el Instituto Goethe, la entrada es libre y el concierto empieza a las 7.00 pm. Nos vemos allí.
http://www.tarwater.de/
Spinetta (2)
Cuando Spinetta salió al escenario algunos se emocionaron hasta las lágrimas. El lugar estaba abarrotado, al menos así se veía desde nuestro humilde stand up. Vi por ahí a más de una personalidad, desde una escultural Nina Mutal, un solitario Iván Zurriburri (ex Flema, Eter-k), los Frágil, los Demente Común, los Nudo de espejos, un Catervas, hasta un tipo que había sido mi profesor cuando estuve en la academia, etc. Un mar de rostros de la farándula culturosa local.
***
Ahora que lo pienso con El Flaco también descubrí algo de ese sonido sucio, no mucho en realidad pero algo de eso había en muchos temas de Pescado, en su primer disco solista y en la etapa con Los Socios del Desierto, rocknroll pulsante y vertiginoso como aquel de temas como “Post-crusifixión” que nunca me cansaré de oír. Ese lado del argentino no estuvo presente en el concierto y lo dejó bien claro: “hay un tiempo para hacer rock y otro para no hacerlo...hay un tiempo para mí música aunque de vez en cuando se me escape un rock”.
¿Y cual era la música del Flaco esta vez? Aquella de sus últimos discos, del Silver Sorgo, Para los árboles y Camalotus, aquel de canciones como “Buenos Aires alma de piedra” “Kamikaze” o “Pequeño ángel”, esas melodías raras que parecen desvanecerse en sus instrumentaciones finas y jazzys. Que lento pasa el mundo cuando canta el Flaco últimamente. Y sin embargo no ha perdido ese magnetismo que hace que uno lo vea y lo oiga. Tiene algo indescifrable, una dimensión, un brillo, un no se qué que lo vuelve ineludible. D pronto uno siente estar frente a un verdadero sabio, frente a alguien que en su lenguaje parece estar revelándolos las verdades que debemos saber.
Así lo sentí cuando evocó a Pescado, cuando inició ese set maravilloso del Artaud (uno de los discos más entrañables que tiene), cuando nos tocó con su varita y nos convirtió en seres mitológicos deleitándonos con las canciones de Invisible que bueno, que más decir de temas como “Los libros de la buena memoria” o “Durazno sangrando” que más. Nada, sólo dejar que algo dentro de nosotros se remueva.
***
Cuando terminaba el show alguien vomitó a unos metros de mí. No supe quien era. Sólo vi a un tipo correr hacia el baño. Su salida despavorida dejó un lugar vacío y enorme en medio del público, nadie iba a pisar el vómito. Fue raro. A los pocos minutos Spinetta empezó a cantar “Laura va”, y de pronto esa imagen lúdica y onírica del tema se convirtió en algo deformado y truculento. Para colmo, cuando salía ya del concierto, en dirección hacia la calle Esperanza me topé con una pelea entre cinco tipos mayores medio ebrios, al parecer, por un rasguño a una de sus camionetas. Que extraña imagen final para un día que fue tan especial.
Monday, November 28, 2005
Spinetta (1)

Luis Alberto Spinetta pisó Lima, lo hizo después de 35 años, luego de aquella legendaria presentación junto a Almendra en el Festival de Ancón. Su regresó causó un fervor como hacía tiempo no veía. De pronto aparecieron más fanáticos del Flaco de lo que me imaginé y llenaron el María Angola y le preguntaron hasta lo que come en la conferencia de prensa y en el conversatorio que ofreció un día antes del show.
Spinetta estuvo amable. Firmaba autógrafos, respondía lo que quería y era auténtico todo el tiempo, metido en su mundo de fábula desde donde sabe tener abiertos los ojos.
Fui a verlo, como tenía que ser, y su presentación fue un sueño largamente añorado y supongo que el de muchos. Spinetta fue uno de los primeros artistas que admiré y El Jardín de los presentes fue mi primer disco de cabecera. Por Spinetta surgió mi fascinación por la psicodelia, por sus discos descubrí el jazz, por sus canciones empecé a leer poesía, y así, mil cosas. Aquellos años de adolescencia los viví sumergido en los discos de Pescado, de Invisible, y a mi temprana edad me había convertido en casi un especialista de rock argentino y me eran tan familiares los discos de Vox Dei, Pastoral o Espíritu, que cuando los escucho ahora se me estremece algo por dentro. Mi burbuja adolescente estaba compuesta de esa música que llegaba a mis manos por una amigo de mi madre, fanático de esos discos, que incluso me llevaba algunas Pelo y una que otra Canta rock y había inundado de cassettes comprados en Quilca mi modesta repisa y casi conseguido transformarme en un yonqui de todo lo que sea gaucho. La música de Spinetta representa una parte de mi vida, aquella previa a las guitarras sucias y los conciertos en el centro, empujones y sonido agresivo. Recién cuando entré a la universidad fue que empecé tomar conciencia de eso, a escuchar punk y a agotar mis últimos impulsos adolescentes. Pero esa ya es otra historia.
Spinetta estuvo en Lima y en la conferencia de prensa dijo no conocer nada del rock peruano, sólo saber de Chabuca Granda. Preferí no preguntar sobre aquella presunta tocada junto a El Humo, pues al parecer esta nunca se dio según lo que dijo Luis. Como buen fan me encargué de hacerle llegar algunos discos, grabé en unos cdrs algo de rock peruano de los 60s y 70s: El Polen, Los Saicos, Los Holys, el doble Back to Perú, El Álamo además de un disco de música tradicional de Lambayeque, y un par de cosas más recientes. Ojalá algún día en alguna parte sea posible conocer sus opiniones sobre esos discos.
Luis habló sobre la música que le gusta: Miles Davis, Los Beatles, Paco de Lucía, The Hives, The Strokes, Radiohead, Bjork y la música de sus hijos (!!!). Al hablar de la islandesa alguien le preguntó por su interés en la música electrónica y las nuevas tecnologías. El flaco reconoció haber experimentado con esos medios, haber compuesto algo así pero que "no los considero publicables porque son sólo experimentos". Admitió que lo que más le atrae son las canciones, "sino tengo nada que decir en un tema me aburro" y que siempre va a primar su gusto por las canciones que hacer música instrumental.
Le tomé muchas fotos al Flaco, por desgracia las mejores las tomé de lejos y no sabía que las cámaras que prestan en mi universidad son tan malas y tienen tan pésima resolución. Pero ni modo, alguna sobrevivió, como esa que está al iniciar el post, que fue el único lugar desde donde se la pude tomar cuando posó para las cámaras(de costado) porque delante de él los fotografos se peleaban a muerte por un buen espacio. Preferí evitar alguna mordida y me fui de costadito y creo que salió mejor.
(continuará...)
Thursday, November 17, 2005
Baile de perros en la ciudad
El perreo también está en la blogósfera. Pueden encontrar un post en el blog No Ficción de Daniel Flores y otro en Qaphqa de Daniel Salas.
El tema resulta bastante oportuno tomando en cuenta que el sábado es la presentación en Lima de los reaguettoneros Trebol Clan, quienes hoy llegaron a Lima y causaron más furor de lo que me había imaginado. En la tele se veía a una multitud de chiquillas y chiquillos (no llegaban a los 14 años) corriendo detrás de sus ídolos, el comentarista comparó el hecho con la visita de Servando y Florentino hace algún tiempo. Todo parece indicar pues que el sábado habrá lleno total en el estadio de San Marcos.
Me entero a través de estos blogs que en la última
Quehacer se han publicado dos artículos al respecto, uno de Víctor Vich titulado "El baile del perreo: una desviación marxista" y otro de Juan Carlos Ubilluz titulado "El perreo: entre la perversión capitalista y el hedonismo posmoderno". Mañana mismo espero tener en mis manos esa revista y comentar al respecto.
Por lo pronto sólo puedo decir que el perreo se ha convertido en Lima en lo que tal vez deba ser el fenómeno popular de baile más importante que ha tenido, creo, en toda su historia. Nunca antes tanta gente se había dejado subyugar por ritmos repetitivos al punto de generar fanatismo, pues no sólo es el baile sino el fanatismo lo que aquí está en juego.
Como decía en otro blog, algo se cuece en todo esto, y cada vez que uno de estos temas suena en en la combi me llena de una especie de placer insano, odio esa repetición y esa carencia de salidas creativas que tiene esta música, odio que se regodee tanto en sus propios clichés pero como me entusiasma sentir que hay un ritmo de baile, con uso de tecnología moderna (cajas de ritmos, algún que otro sonido electrónico) que ha logrado no remitir a más nada que a sí mismo. El perreo tiene su identidad, y hay que aceptarlo. ¿Y cómo eso se ha recepcionado aquí? Pues no me atrevería a dar una tesis pero sí a soltar una idea: el baile es una suerte de válvula social y donde reina el espanto siempre habrá motivo para bailar. Pero cuando se es conciente de ese espanto es cuando el baile puede ser algo más que eso, puede significar, puede movilizar, puede ser más que una moda.
Monday, October 31, 2005
Sobre la música infinita
Es como esa encendida frase que inicia una de las cartas de nuestro poeta César Moro: “yo puedo pronunciar tu nombre hasta perder el conocimiento”. Nada más conectado con una experiencia musical radical constante y reveladora de un estado nuevo de conciencia o de supresión del estado de conciencia habitual. O como ver los trabajos de la documentalista Chantal Akerman en los que se introduce tiempos prolongados para situaciones aparentemente irrelevantes: una ruta por la carretera, alguien sirviendo un té, etc. Lo que sólo debería durar unos segundos dura toda una eternidad. El espectador siente entonces que se han invertido los papeles, que de pronto ese “instante irrelevante” ha adquirido un angustiante protagonismo y que se ha apoderado de la escena y de la película y que la directora se fue quien sabe por donde ha cazar mariposas, mientras que el público es expuesto a esa cuarta dimensión, que por otro lado, nadie sospechaba podía convertirse en una experiencia tan fascinante. Es lo mismo que decía otro díscolo poeta llamado Allen Ginsberg cuando hablaba de la sabiduría del aburrimiento: “el lugar más hermoso de esta sala es esa esquina del techo, mírenla, ¿no es acaso hermosa?” Irónicamente Ginsberg hablaba de la posibilidad de hallar belleza en lo aparentemente irrelevante, en el detalle más vano. Una esquina de un techo era la imagen perfecta de la sabiduría, pues quien vuelve a ella sabe que se enfrenta a la imagen de lo discreto, de lo casi invisible, lo que a su vez nos obliga a tener esa visión sabia del ciego: del que no mira nada y debe mirar hacia dentro de sí, hacia ese paisaje infinito.
Eso miraba el gran artista John Cage, seguidor del budismo zen, en su célebre pieza 4’33’’. O mejor dicho esa era la dirección hacia donde la música se dirigía: esa vuelta al espacio en blanco. En la pieza silenciosa de John Cage el intérprete sube al escenario a tocar el piano siguiendo la notación musical dispuesta en la partitura. Es una pieza escrita con silencios, de ahí también que esta sea conocida como la pieza silenciosa, pues durante los 4’33’’ que dura no se escucha nada, salvo los murmullos del público, que desconcertado, empieza a murmurar sobre lo que está ocurriendo. Es una pieza que supone un ejercicio de limpieza, de depuración radical que en su vertiginosa evacuación lleva a la música a una nueva dimensión, o mejor dicho descubre esa dimensión mínima y absoluta que define a la música misma: la del tiempo. La música es esencialmente tiempo, movimiento, duración.
Las ideas de Cage inspiraron al colectivo Fluxus (traducido: flujo) y a toda su poética del tiempo que plasmaron en sus trabajos de arte visual y sonoro, lo que les permitió además generar esos desplazamientos de la música como sonido a la música como un todo integrado a un espacio temporal. De ahí que en ellos la música podía objetualizarse, y podía incluir performance, acciones, o podía no incluir nada, podía ser sólo un gesto, un detalle, como esta pieza de La Monte Young:
Composition 1960 # 5
Suelta una mariposa (o varias) en el espacio de actuación. Cuando termine la composición, acuérdate de dejar que las mariposas salgan volando.
La composición puede tener cualquier duración pero en el caso de que se disponga de poco tiempo, pueden abrirse las puertas y ventanas antes de soltar las mariposas, dándose por finalizada cuando las mariposas salgan volando del recinto.
O esta que es mi favorita:
Piano Piece for David Tudor
Sacar una bala de paja y un cubo de agua a escena para que el piano coma y beba. El performer puede dar de comer al piano o dejar que coma él solo. Si hace lo primero, la pieza termina cuando se ha dado de comer al piano. Si lo segundo, ésta acaba cuando el piano ha comido o ha decidido no hacerlo.
Los fluxus tenían mucho sentido del humor, definitivamente, era parte de la propuesta, desconcertar a través del absurdo. El mismo George Maciunas, vocero del colectivo, reconoció influencia de los gags humorísticos. Pero creo que ya me estoy yendo por la tangente. La idea no era hablar de Fluxus sino de las posibilidades de una música infinita.
Sucede que todas estas ideas me vienen a la mente, ahora que estoy oyendo maravillado unos discos de Tony Conrad, una caja que recopila sus trabajos de los 60s, y que incluye además un disco con temas de la misma época pero grabados recientemente, con la ayuda de Alexandria Gelencser y Jim O'Rourke. La caja lleva el título de Early Minimalism: volumen one y ha sido editada por el sello Table of the Elements.
Conrad es uno de los padres de la música minimal, y es junto a LaMonte Young, padre indiscutible de lo que se conoce como minimalismo-drone, y compañero de generación de músicos de vanguardia como Steve Reich y Terry Riley. El minimalismo es música surgida como parte de esa vorágine multidireccional de ideas que supuso la pieza silenciosa de John Cage. En los 60s Conrad integraba The Dream Syndicate, un proyecto de experimentación junto a LaMonte Young, Angus Maclise, Marian Zazeela y un joven entusiasta llamado John Cale, cuya propuesta se convertiría en el sonido seminal de la vanguardia musical americana de esa década. Como dato, valga saber que Cale y Lou Reed llamaron a Tony Conrad y Walter DeMaria para crear The Primitives, un proyecto que en realidad no tendría mucho éxito pero que sería el embrión de lo que luego sería Velvet Underground, sin duda la banda más importante de la historia y la que logró aunar el rock con la música de vanguardia con resultados que bueno, a uno le ponen la piel de gallina (escuchen esa viola de Cale en “Heroin”). Conrad también colaboraría después con los alemanes Faust.
En estos cuatro discos uno se encuentra con largas jornadas de notas repetitivas y climas fascinantes generados por los timbres suspendidos del violín y el cello. Escucharlos es como todo lo que dije al empezar este post: es volver nuevamente al blanco, a un estado de contemplación radical en donde el tiempo protagónico nos eleva a un lugar difícil de describir. Uno es subyugado por ese movimiento continuo, atraído por esa órbita en la que viaja la música en busca de sí misma, de su estado mínimo y esencial. Pocas veces uno puede experimentar el paso del tiempo de una manera tan genuina y bella, tan deslumbrante y sobrecogedora. Pocas experiencias como esta.
