Tuesday, March 25, 2008

La felicidad, ja ja


Desde hace un buen tiempo los blogs se han convertido en espacios para descargar música. A tal punto que la misma noción de netlabel también empieza a redefinirse. Ahora todo el mundo puede subir de manera sencilla sus audios y dejarlos para libre descarga. Una forma de democratizar la información y de traerse abajo los antiguos mecanismos de distribución de la música. Son tiempos nuevos, no se si mejores, sólo nuevos, y entre las lágrimas de quienes veían en la venta de discos y los derechos de autor un negocio, algo nuevo está surgiendo, el negocio se dirige hacia otra parte. Con la cultura del Ipod todos convierten la música a mp3, el formato por excelencia de la actualidad. Y allí puedes almacenar decenas de discos, cientos de discos, es la cultura del asegurar todas las posibilidades. Tienes en tu Ipod todas las canciones a tu disposición, todas las que en algún momento te gustaría escuchar, aunque tal vez nunca (nunca) escuches todas las canciones que allí tienes.
En los últimos meses he descargado una buena cantidad de discos a través de blogs, de todas partes del mundo, discos actuales, discos peruanos, etc. Hay de todo, aunque no hay todo. Así que he decidido, cada vez que la situación lo amerite subir también algunos discos que atesoro.
Como saben algunos hace cuatro años apareció este blog como extensión de una revista de música que edité llamada Autobús. Aparecieron dos ejemplares y con cada una vino un disco de regalo, editado bajo el sello creado para la ocasión, Buh Records. El primer disco editado tiene un valor especial para mí, se llama "Vamos a ser felices", título que se lo debemos a quien fue el generador de la idea de la compilación (resistiré la tentación de escribir su nombre en este blog). Disfruté mucho el proceso de sacar adelante este disco, en algunos casos tuve que ir a un concierto con una grabadora de mano, grabar un par de canciones de cada grupo, subirla a la computadora, hacerle una edición y ya estaba listo el tema. Más Do it yourself no se podía ser. Una amiga me dijo "oe ya es demasiado lo fi". Y si pues, esa era la idea con este disco, una compilación de bandas nuevas, algunas disueltas al día de formarse que tenían un tema bueno, canciones dulces, experimentalismo, todo estaba permitido en este disco con tal que contribuya a crear ese universo de dormitorio y de libertad. La idea del no tienes nada que perder, un disco que rescataba esas canciones guardadas como travesuras inspiradas de fin de semana. La no profesionalidad en su esplendor, el encanto de hacer las cosas sabiendo que no aspiras a nada que no sea a divertirte y vaya de qué modo. Algunos artistas / grupos que participan de este disco estuvieron y/o siguen totalmente dementes.

Pasó el tiempo y debo decir que me entusiasma el cariño que algunas personas guardan por este disco. Lo he vuelto a escuchar y la verdad me encanta. Disfrútentlo ustedes también.


Aquí les dejo el enlacepara descargar

http://www.archive.org/details/VamosASerFelices/

Wednesday, March 05, 2008

El mundo de Yuyu


La primera vez que supe de Pauchi fue en mis días de estudiante en la facultad de comunicaciones de la PUCP, en el 2000. Ella estudiaba periodismo y yo comunicación audiovisual. Todo el mundo hablaba de Pauchi y creo que, prácticamente, no había ningún estudiante de la especialidad de artes escénicas, que se respete, que no supiera quien era ella, ya que Pauchi musicalizaba cuanta obra teatral y perfomance pudiese (quien tenga la oportunidad de revisar su grueso currículum sabrá de lo que estoy hablando). Bastaba verla en vivo para olvidarse de la obra y quedarse sólo con el recuerdo de los sonidos que ella le arrancaba a su violín, un instrumento que la ha acompañado desde pequeña hasta el día de hoy que viaja por el mundo con su música.

Pauchi iba a los conciertos del circuito underground de música experimental y siempre que podía tocaba allí. Se había ganado un espacio gracias a su arrollador talento que dejaba a más de uno mudo y emocionado. Todos querían tocar con ella y Pauchi nunca tuvo ningún reparo en tocar con cuanto avezado ruidista y electrónico hubiese. Esa apertura, que hasta ahora conserva, es una de las virtudes que más la distingue. Si hay las ganas ella siempre está preparada para la aventura. ¿Quién podría olvidar su celebrada improvisación al lado del argentino Alan Courtis, o sus performances con Jardín, con Omar Lavalle, Renzo Filinich, Teté Leguía, Elder Olave, etc.? Para Pauchi tocar es un placer y creo que ella podría estar haciéndolo todo el día, como si la vida fuera una experiencia musical o viceversa.
Pauchi ha estado recorriendo varias ciudades de Estados Unidos tocando con el músico Tito La Rosa. Se ha ido al Japón y ha estado mostrando su propia música, esa que tanto disfrutamos en sus performances Cuarto Blanco, El Baño y El Depósito. Y que ella ha tenido el buen gesto de editar en un disco para ofrecernos a nosotros, simples mortales, que la admiramos y estamos siempre atentos a sus movimientos.
Yuyu es entrañable. Fue editado de manera independiente en el 2007. Es un disco que se declara expresamente como de imágenes, “de esas que no pueden contarse con palabras”. Yuyu es un disco de deleite. Pauchi busca ser ella y su música libremente, a donde la lleve. Tiene cierto aire oriental (no hay que olvidar la ascendencia japonesa de Pauchi), algo del canon de Pachelbel, algo del eclecticismo que produce la fusión de lo ancestral con lo moderno, algo de collage sonoro. Esto último quizá no sea tan visible en el disco como lo es en sus presentaciones, donde suele conectar su violín a pedales y samplear su voz, sus quejidos, su tos, etc para crear capas de sonidos multiplicados, sobre los que su violín inicia un viaje sin retorno, con nosotros incluidos. Este no es pues un disco donde Pauchi explore mucho las posibilidades del violín amplificado (como suelen ser sus vivos) sino que es un trabajo de exploraciones en la melodía. “Do You II” es notable en ese sentido. “Llanto de Orfeo” tiende algún puente con la música contemporánea, es una pieza realmente escarapelante, el sonido parece que se acaba en algún punto en el desierto. Pauchi sabe conseguir esos efectos de espacios solitarios. Su violín parece siempre acompañar alguna situación difícil pero es tan intensa su interpretación que el asunto va más allá del paisaje que ella describa. El asunto se vuelve una relación entre ella y su violín y el trance del que nos hace testigos, antes que otra esa imagen llega a nosotros. Porque si algo ha conseguido Pauchi es eso, crear una simbiosis entre su instrumento y ella. ¿No son acaso esos sonidos corporales pasados por el delay una forma de extenderse para mezclarse con el sonido de su propio violín? Ser uno con su instrumento no es algo fácil y Pauchi quiere demostrarnos que está para grandes cosas. Ojalá la tengamos de nuevo por Lima para emocionarnos con otra de sus presentaciones. Por mientras dejemos que la luz caiga y nos invada el universo mágico de Yuyu.

pd. el disco se vende en la tienda neomutatis o a través de la web de Pauchi

Thursday, February 28, 2008

Los niños y su mundo o el arte de hacer una compilación




Siempre he tenido especial interés en escuchar discos compilatorios que no sean del tipo “grandes éxitos” sino de esos que están armados siguiendo esa norma clásica del mix tape. O sea eliges tus canciones favoritas, les das un orden, un título y ahí tienes: una compilación absolutamente novedosa y fresca. A lo largo de mi vida he hecho muchas compilaciones, sea para regalar a amigos, a chicas que me gustaban, sea porque tenía el encargo (muchas se han publicado), sea porque había una idea que me obsesionaba y de pronto encontraba que había suficientes canciones como para compilarlas en un disco (me he quedado noches enteras dándome el gusto de hacer una compilación porque no iba a poder dormir sino la terminaba).
Cuando en una compilación la idea logra trascender a cada tema y todo el disco se hace sólido a pesar de las diferencias que pueda haber entra tema y tema es porque se ha conseguido hacer una buena compilación. Pero también es fundamental el orden de los temas, la secuencia que hace que de uno a otro la cosa fluya o se quiebre naturalmente. Recuérdese que ante todo es música y lo que importa es disfrutarla. Las mejores compilaciones, a mi gusto, son aquellas donde hay libertad de poder hacer de todo, donde sabes que lo que tienes no es un disco sino un tiempo (60 minutos, 50 minutos) donde todo puede pasar. Valoro mucho cuando se trata de canciones o temas que nadie había notado que eran geniales hasta que un oído iluminado descubre la genialidad oculta al fondo de un disco y te saca una joya. Y por último, una compilación debe tener un mínimo de sentido del humor o frescura. Esas compilaciones para cortarse las venas no corren. Nada más aburrido.
Una de las compilaciones que me ha dejado con una sana envidia y con unas ganas alucinantes de armar la mía personal ha sido Latinamericarpet exploring the vinyl warp of latin american psychedelia recientemente editada por Sublime Frequencies. No sólo cumple absolutamente con todos los requisitos arriba señalados sino que además se da el lujo de conseguir otra cosa (que si lo consigues tu compilación es genial!): crear un universo musical o la ilusión de su existencia.
Vayamos en orden. Actualmente existe todo un boom de músicas periféricas, que se han vuelto la mejor alternativa para alimentar la ilusión de un camino distinto, con reglas de juego distintas ante el hastío que produce la música actual y que nos hace sentir que hay mucho pero mucho por descubrir. Un sello como Sublime Frequencies anclado en Seattle (dirigido por Alan Bishop, junto a Rick Bishop miembro de los Sun City Girls, una banda fundamental de free noise rock) ha sabido encontrar un nuevo nicho en la experiencia de lo nuevo: el choque cultural que nos sacude y asombra, descubriendo para el mundo músicas populares de los rincones más inhóspitos del globo (África, Asia, Latinoamérica, etc), conectando también con la anulación de la distancia de una época tan marcada por la virtualidad y la idea del “tiempo real” (sí, casi siento que estoy en Tailandia o Sumatra cuando escucho esos discos y esos programas de radio, es que realmente estoy ahí a mil kilómetros de ahí!!). Lo especial de Sublime Frequencies es que la música es presentada con la radicalidad que a veces se hecha en falta a mucho del mundillo de la World Music. De ahí que no sean ajenas las guitarras eléctricas o los sonidos electrónicos acompañando ritmos tradicionales en fusiones realmente desconcertantes. Nada está maquillado ni pasteurizado. Sublime Frequencies te muestra las cosas en bruto, tal y como son, eso explica también su interés por editar grabaciones de programas de radio, con la aleatoriedad que eso implica.
Prueba de esa radicalidad es un disco como Latinamericarpet exploring the vinyl warp of latin american psychedelia un disco pensado para un público que ha ido descubriendo los poderes de la psicodelia sesentera latinoamericana (donde la peruana ocupa un lugar especial) y que busca abrir aún más el panorama y encontrar ese espíritu psicodélico en esa música que fue concebida con propósitos, digamos, más amables: viejos vinilos de los 60s y 70s de música infantil, de lecciones de ingles, de relajación, de programas de concursos, discos de música popular varios y otras rarezas exóticas que compilados a modo de un collage o mix tape muestran un ángulo diferente de nuestro imaginario popular latinoamericano (concretamente de Brasil, Chile, Perú, México, Argentina y La Isla de Pascua). Para que se hagan una idea de los participantes por el lado peruano: Yola Polastry, Los Destellos (quienes sirven de portada), Conjunto Condemayta De Acomayo y La Gringa Inga (dos temas de su disco de lecciones de ingles!!). Los estilos son variados, desde huaynos, música surf, canciones infantiles, cumbia, rancheras en clave easy leastening, psicodelia, drone (!!!), etc.
“Todo el cerebro, toda la mente sirve como caja de resonancia que surge en forma de espiral y en forma de espiral penetra directamente al entrecejo” así inicia un tema que insospechadamente termina en un drone alucinante, sacado ni más ni menos que de un viejo disco argentino de relajación.
Fascina pues que es una selección de temas hecha por un oído preocupado en descubrir sonidos insólitos, gags y todo tipo de experiencia sonora atípica que hace de la suma de sus partes un verdadero elogio a la inocencia subversiva, a lo absurdo que aparece como desenfreno de alegría y espíritu lúdico, y es imposible no pensar en cierta sintonía Dadá por ese énfasis tan marcado en el mundo de los niños.
La compilación termina siendo una auténtica experiencia psicodélica, una alteración de los sentidos, pero sobre todo una experiencia de júbilo en donde la música se desarrolla con una inocencia y libertad que arrastra ese carácter lúdico y nos hace participar por casi una hora de una fiesta inolvidable. Yo he quedado literalmente exhausto al oír este disco y me he sentido como un niño destruyendo todo a mi alrededor en exaltación de alegría y juego. Sin duda esta es una de las compilaciones más atípicas y desconcertantes que he escuchado. Bájensela y disfrútenla. Aquí nada sobra.

Monday, January 07, 2008

El deseo, el deseo, el deseo


Entre lo mejor del año, para mí, están mis horas dedicadas a leer. Sobre todo libros de poesía. Este año descubrí a muchos autores, entre ellos a Juan Eduardo Cirlot, a quien ahora leo con devoción, tal vez porque su musa Bronwyn resume muchas obsesiones mías: “Bronwyn/no salgas de las aguas, no abandones/ tu imagen incendiada hace mil años. /Ven hacia lo que no puede tocar ni el sólo pensamiento”.
Bueno, esto es a lo que podríamos llamar un caso de platonismo extremo, un amor desmedido por lo que no llega (y no llegará). Como vivir permanentemente acosado por el deseo.

AL ENCUENTRO DE LO REAL

El seminario del año fue el de “Lacan y la arquitectura”, organizado por Paulo Dam en el Centro Cultural de la Católica. Durante tres días unos brillantes Mario Montalbetti y Jean Stillemans le daban sentido a la idea de que la arquitectura pueda entenderse como un discurso, usando para ello teoría lacaniana.
Me quedaron muchas ideas luego de asistir al seminario, muchas preguntas y una lista enorme de cosas por leer.
La historia de Zeuxis y Parrhasios fue aludida en reiteradas ocasiones. Es la historia de los dos pintores que hacen un concurso para saber quien es el mejor. Llegado el día cada uno presenta sus pinturas cubiertas bajo un velo. Zeuxis es quien la descubre primero y muestra la imagen de un racimo de uvas tan bien pintado que unos pájaros que volaban por ahí se lanzaron sobre el lienzo. Luego fue el turno de Parrhasios, a quien le piden que descubra el velo para mostrar su obra, cuando él entonces dice: “yo he pintado el velo”.
Parrhasios pudo engañar a los hombres, Zeuxis sólo pudo engañar a los animales, en teoría Parrhasios debería ser el ganador, pero ¿por qué?

*

Lo real, en términos lacanianos, si entendí bien, es aquello con lo que no podemos tener un encuentro, es una dimensión de ausencia, lo que falta, un resto que no podemos definir y sólo podemos saber de esa ausencia, de ese vacío, a través de la dimensión de lo simbólico (la dimensión de la representación, del lenguaje), que junto a la dimensión de lo imaginario constituyen al ser hablante. Montalbetti dijo “si no tenemos lenguaje no nos va a faltar nada”. O sea es porque hay lenguaje que tiene que haber esa dimensión de ausencia. Estas tres dimensiones (lo real, lo simbólico y lo imaginario) están entrelazadas como el nudo Borromeo entorno a un objeto a, que por lo que entiendo, es el goce pendiente.



Se puede ver que los anillos están entrelazados y que si cortas uno todo el nudo se deshace.

TILSA EN LA LLAMA DOBLE

Iniciaba este post con un aparente recuento de lo mejor del año. Aparente porque en realidad prefiero hablar sólo de las cosas que llamaron verdaderamente mi atención y entre ellas estuvieron los libros de poesía que leí y que me dejaron pensando en muchas cosas, lo cual supongo debe ser bueno: Horoskop de Jose Carlos Irigoyen (El billar de Lucrecia), Los Ríos en Invierno de José Miguel Herbozo (Fondo Editorial Pucp), Indivisible de Tilsa (Album del Universo Bakterial). Empezaré por el libro de Tilsa.
Tilsa es una joven poeta (y lúdica blogger) que puede ser ubicada generacionalmente al lado de Cecilia Podestá, Andrea Cabel y José Miguel Herbozo, entre otros, digamos, poetas nacidos en el primer lustro de los 80s. Publicó en el 2004 su primer poemario Mi Niña veneno en el Jardín de las baladas del recuerdo, con la editorial Album del Universo Bakterial, que tuvo una gran acogida. Ahora ha publicado su segundo libro: Indivisible.
En línea general es un libro sobre el ya no poder (o no haber podido) contenerse, un libro sobre el placer y sobre la tentación consumada que lleva a él. Un límite que superado genera toda una revolución personal: “y ya no pude contenerme/el universo invadió cada rincón/creando nuevas colonias dentro de mí”.
El personaje, digamos “Tilsa”, está en su remolino de desconexión e integración a esas cosas placenteras que la invaden, la asedian y finalmente la controlan. La libertad que experimenta, a la que se ha entregado, es tan grande que la rebalsa y es una libertad que lo contiene todo, lo bueno y lo malo (la imagen de la serpiente resuena en todo esto: “la serpiente/ la línea que ordena tus días”). Es una actitud sana, el deseo mueve al mundo y uno debería estar acostumbrado no sólo a desear sino también a ceder a las tentaciones y electrocutarse finalmente con el placer. El placer en un sentido amplio, de realización. Y “Tilsa” cede absorbida ante el hechizo, encantada, narcotizada por aquello que la tienta. Como Eva dulcemente derrotada frente a la manzana.
Y de ese control que rompe entra a uno nuevo: “oh sí/ se siente tan bien/ que tu actitud domine mi mundo”, “Gestioné todo mi Amor desde que rompiste las reglas con las que dios medía mi habitación y me arrastraste por el suelo dándome a conocer una mejor calidad de vida, vistosa a todas luces, clavada en mi inocencia ilusa que salivaba con demencia”. Esta parte de los poemas me gusta bastante, ese jueguito del sometimiento funciona bien, perturba los roles y en el fondo no se sabe quien controla a quien, si uno es libre o esclavo en el placer. Recordé ese poema de Cernuda que dice: “libertad, no conozco libertad sino la de estar preso en alguien”. Tal vez tenga que ver con eso: ese nuevo territorio de libertad adquiere la forma de un refugio, sentirse dentro de alguien es ser preso o protegido, guiado. La cosa es no estar a la deriva.
Hay dos planos en todo esto. La cuestión que tiene que ver con el deseo y lo que tiene que ver con lo que se encuentra dentro de él: “Tengo miedo de mi mente/ cuando me engaña, me dice sí o no”. Y es que siempre volvemos a esa doble dimensión que canaliza el deseo, ese juego permanente de la duplicidad que arman ese gran todo insinuante que es lo que invade a “Tilsa” y la perturba. Un sí y un no, libertad y prisión, placer y dolor, tú y yo, dos lados del cerebro, siempre dos cosas inseparables, siempre dos opciones que llegan juntas y que sería bueno que no confundan pero parece que es difícil, siempre estarán las dos actuando al mismo tiempo. Y ese creo que es el quid del asunto: vivir en lo indivisible es saberse expuesto a múltiples estímulos que se confunden entre sí, como entrar a un remolino de azares, pero es también apostar por la aventura, y la aventura más que un punto de llegada es un proceso: “Hey, así trabajamos en Indivisible/No precisas una respuesta/el tiempo sobra/la inmensidad es nuestro proveedor”, “Oh sí/todo lo que quieras/ pídelo/y después haz otra cosa”.

Hay un tono desafiante en el libro. Una proclamación de independencia, que advierte que de este lado uno está en su renuncia a todo, en su viaje de fantasía y es un poco el precio de haber partido: “De pronto partí y los dejé a todos solos ¿debo pedir perdón? ¿quién está con ustedes?”. Que en realidad es la búsqueda de una autonomía en el encuentro con el otro, con un otro etéreo, que es la imagen de la fantasía, del goce que te libera, que te define: “Mi aspiración máxima, aunque a nadie interese, era cortar mis cadenas con el alicate de tu boca angulosa y despedirme ya de aquellas reglas de los padres”.
La autonomía implica siempre una relación con el otro, es diferente a ser un eremita. Recordaba justamente lo que Montalbetti explicaba en su conferencia acerca de la teoría del significado basada en las relaciones diferenciales: ¿qué es una montaña? Aquello que no es ni una colina ni un cerro. ¿Y qué es un cerro? Aquello que no es ni una montaña ni una colina y así. El significado se genera por relaciones diferenciales entre los componentes de un sistema, cada uno es importante para establecer el significado del otro, son relaciones necesarias, inseparables, podemos decir que cada palabra es el centro de un sistema y cuando hablas de una estás hablando implícitamente de las otras, porque no puedes otorgarle un sentido a una sin suponer a las demás. Pienso en eso cuando Tilsa dice “Puedo hablar siempre de mí y sabes que estaré hablando de ti”, “donde comienzas tú termino yo”. Lo indivisible es ese sistema en el que ella se ha descubierto y es allí donde hay que afirmarse, donde hay que hallarse. Detrás de todo parece haber una pregunta por quien soy, qué soy, y una respuesta que queda diseminada en todo lo que la rodea. Como todo aprendizaje en la vida, hay que probar para saber: “Ya no eres un niño ni una niña, tampoco has muerto. Debes salir por algo de comer hasta que descubras que siempre estuvo dentro de ti y probarás tu esencia, no podrás parar y luego estarás indigesta”.

HERBOZO Y EL SILENCIO

Si Indivisible era una montaña de las tentaciones, Los Ríos en Invierno es una abadía en el desierto y José Miguel Herbozo es el joven discípulo de algún místico asceta que se ha ido levitando quien sabe a donde. Compré Los Ríos en Invierno atraído por el título y obviamente porque el libro había ganado el primer premio de la Universidad Católica y bueno, no tenía porque aguantar la curiosidad. Había leído antes algunas cosas de Herbozo y me llamaba la atención ver que onda ahora, como ha avanzado la cosa, que anda diciendo por ahí. José Miguel ha publicado Acto de Rito (2003) y Catedral (2005). Los ríos en Invierno es su tercer libro.
Un río en invierno es la imagen de una cosa que fluye en una estación triste. La vida en una temporada fría y lo frío siempre sugiere lo inmóvil, lo que no se mueve, lo que no fluye, lo que no tiene vida. Los ríos en invierno puede verse como un libro sobre ese tránsito complicado de “la vida misma cuando calla”. Una vida de silencio que fluye inerte en espera de ese chispazo que le otorgue sentido a las cosas y que destruya esa melancólica inmersión, ese vacío que a uno lo sume en el silencio, en el no decir, que se ha tornado en conflicto y del que se espera salir: “tu luz cuando apareces de la nada/reviste en el invierno/el cerco nebuloso del deseo”. Ese cerco creo entender es ese horizonte que permite verbalizar y por lo tanto existir en ese encuentro con el sentido, con la claridad, con eso que podría ser una verdad, una guía: “una línea sobre el monte/es el ascenso/un hilo de señales/y proverbios".
No sé si me voy a ir por las ramas pero total siempre lo hago. Esta idea de sentirse como desamparado, como en estado de abandono de esa verdad/dios/certeza que ilumina nuestro rumbo me hizo pensar, por antítesis, en la célebre performance de John Cage: “no tengo nada que decir y mientras lo digo estoy diciendo algo” que de hecho Eielson debió conocer (y estudiar). Obviamente John Cage le da un sentido distinto al silencio, asociado al budismo zen. Pero lo que siempre me ha parecido interesante es que el silencio de Cage nunca es tal porque él mismo supo que el silencio real no existe (existe toda esta historia de su ingreso a una cámara anecoica, donde no se puede escuchar supuestamente nada, si hablas tu voz no se escucha, si golpeas algo no se escucha y estando allí él sintió dos sonidos: uno que era el su sistema nervioso y el otro el de la circulacion de su sangre). El silencio de Cage (su famosa pieza Silence) es un gesto irónico de irrumpir en lo que suena, con algo que también suena, pero que simbólicamente calla y lo genial en él es eso, que consigue purificar, crear un vacío, un punto de inflexión, que es en realidad un gran grito que está diciendo algo, mucho, está diciendo: esto se acaba acá.
Leía Los ríos en invierno y pensaba en eso como alternativa al desasosiego. El silencio de Herbozo es evidentemente de otro orden, es el silencio de lo inerte, de lo inanimado, un silencio que sólo puede ser silencio y nada más, como estar muerto, provocado por la perdida de aquello que le daba el sentido a las cosas. Uno se sume en un estado de deriva, anulado por el alejamiento de eso que nos daba el estímulo. Hay un poema que es realmente conmovedor: Una llave tras los huesos, donde dice: “el horizonte descubre y no remece/lo que salta al escenario sin remedio:/ella silente y hablando, allí a lo lejos y yo para mi casa, que es ninguna parte, /y ella así imitando: lo que nunca acaba/ está hecho para despedazarse/debajo de la tierra, o como un lirio/ convertirse, o geranio en adelante; pero yo no diré nada —estoy callando—”. La patología de estar del otro lado, observando lo que no se puede evitar y el silencio termina creando un lugar de ausencia, una separación, lo que una poeta suicida definía como “un hilo de miserable unión”.
En Los ríos en invierno el otro también hace a uno, la ausencia del otro vuelve a uno un ser ausente también, un ser callado. Pero también es un libro sobre ese tránsito conflictivo en una estación, finalmente es una cuestión de seguir y eso no se puede evitar. Siempre hay esta cosa heracliteana de lo que no permanece, de las aguas del río en las que no te puedes lavar dos veces porque siempre fluyen, como él dice “uno no puede renunciar a lo que está constantemente yéndose o viniendo”. Y uno se pregunta cómo resolver ese estado de crisis, tal vez sea como dice: “en un acto de muerte o de furor”. La poesía, “decir estas palabras”, surge entonces en el encuentro ante ese temor o congoja que nos hace callar. Es finalmente un acto de valentía, algo que nos confronta, como todo acto creativo que se precie de honesto. Eso vale.

Wednesday, December 05, 2007

El sol




Un impulso inexplicable me hizo revisar algunos libros de la biblioteca de mi padre. No es una biblioteca literaria ni mucho menos, sino científica y técnica, con abundantes libros sobre química, industria del vidrio y pigmentos. La terminología química siempre me ha resultado muy atractiva, las mezclas, las combustiones, los experimentos, es un mundo fascinante aun cuando debo reconocer que mi relación con todo ese mundo siempre ha sido conflictiva, de amor-odio: lamentablemente no pude ser nunca un ingeniero químico y eso tuvo un precio, pero así es la vida, de haber intentado seguir una carrera de ciencias, quizá hubiera odiado más las ciencias de lo que alguna vez en mi adolescencia llegué a odiarlas (en realidad lo que odiaba eran las matemáticas). Sin embargo, con el tiempo, superada mi intransigencia con todo lo relacionado a un tubo de ensayo descubro que el mundo de la química (y de la física) es más asombroso de lo que puedo imaginarme, es todo un lenguaje.
Me quedé pensando en todo eso mientras revisaba los libros de mi papá, algunos los recordaba de cuando era muy niño, en algunos incluso encontré algunas pintas que yo les había hecho, sentí mucha nostalgia, siempre tan cerca de mí esos libros y al mismo tiempo tan lejanos a mi comprensión. De todo se puede aprender algo, siempre es posible extraer algo de sabiduría incluso de lo más incomprensible.
Seguí revisando los libros hasta encontrar uno que me dejó particularmente perplejo: se llamaba Las maravillas de la luz: secretos de sus rayos visibles e invisibles, los autores eran Beulah Tannenbaum y Myra Stillman, y el libro fue editado en 1960. Empecé a leerlo hasta encontrar un dato que sobrecalentó mis antenas: “el sol es tan ardiente que no puede quemarse”. ¿Cómo así es esto posible? Los autores explican:

“Podría parecer que esta afirmación se contradice a sí misma, pero concuerda con la definición científica de la combustión. La combustión es la rápida unión química de un combustible con el oxígeno, acompañada de un desprendimiento de energía calórica. Tanto el oxígeno como los elementos combustibles se encuentran presentes en el sol. En realidad, prácticamente todos los elementos conocidos han sido identificados en el sol. Pero las temperaturas allí reinantes son tan elevadas que los elementos generalmente no se combinan. Cada uno de ellos permanece en su estado “puro”, y cualquier mezcla es mecánica, no química”

Si entiendo, esto significa que el sol no podrá quemarse o sea no podrá generar cenizas celestes, que sí sería una reacción química.

Wednesday, November 28, 2007

Buuuuuuuuu (Parte 2): Levitación del cuerpo humano


El tema de la levitación es el que más atrae a los ilusionistas, de ahí que el fraude en este tipo de prácticas sea más que probable. El mismo Tocquet, más adelante, explica las mil y un formas que hay de trucaje no sólo para la levitación sino para un sin fin de prácticas que se hacen pasar por paranormales (leyendo descubro que hay gente entrenada para detectar fraudes, especialistas en señalar prestidigitadores, pero hecha la ley hecha la trampa: para tener autoridad en esto de identificar un fraude es porque se sabe bien como identificar un caso real).
Existen dos tipos de levitación: la vinculada con los santos y la vinculada con los mediums. La levitación de los santos tendría como referencias la ascensión de Cristo y la asunción de la Vírgen María. No cualquier santo puede levitar, sólo aquellos en verdadero estado de gracia, por así decirlo, aquellos que son llamados Místicos o sea “aquellos que consiguen un encuentro íntimo con dios”. Bueno esos son los que consiguen estados de levitación o vuelos extáticos (o “éxtasis corporales”). Tocquet comenta muchos casos célebres, entre ellos la del Místico español San Juan de la Cruz y la de Teresa de Ávila: “Cuando San Juan de la Cruz le hablaba de la Trinidad, él se elevó en el aire, y, junto con él, su asiento. Inmediatamente, Santa Teresa, que estaba arrodillada, viose también elevada del suelo”. Otro caso fascinante es el del jesuita Francisco Suárez, relatado por Jerónimo de Silva, quien siendo un joven monje ingresó al gabinete donde se encontraba el padre Francisco y lo contempló en estado de levitación. Totalmente fuera de sí, Jerónimo se retiró del lugar, se detuvo, rezó tres credos, cuando en eso fue descubierto por el padre Francisco. Jerónimo relata: “Cuando el padre oyó que había entrado yo en el gabinete, me cogió por el brazo, me hizo entrar en la segunda estancia y, juntando las manos y con los ojos llenos de lágrimas, me rogó que no contara nada de lo que había visto, por lo menos mientras él viviera”.
Los casos abundan y muchos están asociados también a experiencias epifánicas religiosas, como el del duque Juan Federico Brunswick, quien al contemplar a José de Copertino levitar por cerca de cinco minutos a una altura de 25 o 30 centímetros, se convirtió, con uno de sus chambelanes (ambos luteranos), a la religión católica. (al final de esta sección Tocquet afirma que en la actualidad existen conventos en los que se han registrado casos de levitacion, sin embargo el mismo autor señala no tener autorización para divulgar dicha información).


El caso de levitación de Mediums es un poco la que más o menos todos tenemos en la cabeza, recuerdo tal vez de alguna película o un espectáculo de ilusionismo. Dunglas Home es el medium que cuenta con los casos más célebres de levitación. Tocquet cita el testimonio de Home, extraído de su libro Revelaciones acerca de mi vida sobrenatural, sobre estas practicas de elevación: “Por lo general me veo llevado perpendicularmente, con los brazos rígidos y levantados por encima de mi cabeza...cuando llego al techo, los pies se me ponen al mismo nivel que la cabeza, y, así me encuentro en una posición de reposo. Con mucha frecuencia he permanecido en esta posición durante 4 o 5 minutos...en algunas ocasiones, se relaja la rigidez de mi brazo, y entonces consigo escribir en el techo, con un lápiz, letras y signos. Estas señales hechas con lápiz pueden verse aún, en su mayor parte, en Londres”.
No hay mayor explicación de cómo así se generan estos casos de levitación pero se entiende que si un medium puede realizar actos de telecinesia (mover objetos sin tocarlos) entonces también sería lógico que pueda levitar. Tocquet se encarga más bien de relatarnos una serie de casos documentados y con testigos de estos hechos paranormales. Home esboza una explicación algo vaga: “cuando se producen estas elevaciones o levitaciones, yo no experimento nada especial, excepción hecha de esa habitual sensación, cuya causa atribuyo a la acumulación de electricidad en mis pies”.


Capítulo 3

Psicocinesia

Thursday, November 22, 2007

¿Cuál es nuestra cultura?


Alguna vez le dijeron a Marcel Duchamp: “no señor, esto no es arte” y él respondió con la genialidad de siempre: “ah sí tu dices? y que pasaría si lo fuera?”
Algunos deben haber oído hablar de un libro llamado Cultura del Apocalipsis, recién he podido acceder a él gracias a mi buen amigo Juan Diego, poseedor de una tenebrosa y suculenta biblioteca que le hace mucho honor a la música que hace. Finalmente y tras muchas negociaciones pude sacar de su biblioteca el voluminoso Culturas del Apocalipsis, una compilación de Adam Parfrey. El libro recoge una serie de textos de divulgación, ensayos, manifiestos y demás documentos sobre individuos que “han tenido la audacia de considerarse a sí mismos su propia mejor autoridad, repudiando o ignorando las fábricas de ortodoxias de la Iglesia, la Universidad o el Estado”. Pasan por sus páginas artistas extremos, locos, sectas, homicidas, y demás diletantes, que vendrían a ser representativos de una contra cultura o de una cultura apocalítica que es presentada, en líneas generales, para provocar hasta el delirio en un intento de señalarla al mismo tiempo como punto culminante y (si todo sale bien)como un nuevo grado cero en la cultura. Una suerte de malditismo dadaísta, muy atractivo por cierto y con mucho estilo.
Un ensayo publicado en este libro ha llamado poderosamente mi atención, es el títulado “Arte en la oscuridad” escrito por Tomas McEvilley y que da cuenta de las prácticas artistícas más extremas del arte de la performance, las que tienen que ver con gente como Chris Burden o los accionistas vieneses, es decir gente que no tiene ningún problema en atentar contra su vida.

Nunca he creído que necesariamente lo extremo vuelva una práctica artística más audaz, al menos no ahora, al menos no en el sentido de partir del objeto estético (en este caso el cuerpo) antes que de la idea para legitimarse. Creo que en eso radica la genialidad de ese “y que pasaría si lo fuera” duchampiano, ya que cuando él da esa respuesta nos ubica en el terreno de la necesidad y nos hace preguntarnos: ¿qué condiciones hacen que esto sea ahora el arte? Esa es un poco la gracia del dadaísmo, antes que una práctica artística era una conducta y como tal representativa de una Europa en crisis ante la carnicería de la guerra que había sido la consecuencia última de un pensamiento que, valga la redundancia, la había conducido a esa guerra. El dadá se rebelaba no ante una forma de arte, sino ante una forma de pensamiento y si la sociedad había llegado a un punto de crisis entonces el arte también tenía que sumergirse en esa crisis. Lo importante, me parece por ejemplo, no es que dadá hacía collage sino lo que el collage representaba: un rechazo a cualquier jerarquía de valores que los mostraba atentos al accidente, al encuentro, al hallazgo, que hacían posible el surgimiento de dichas técnicas: collage, fotomontaje, etc.
Hace poco leía atónito sobre una performance extrema de John Duncan, llamada “Blind Date” que fue realizada en 1980. En ella Duncan mantiene relaciones sexuales con un cadáver, con una muerta, llegando a tener una eyaculación. Seguidamente Duncan se realiza una vasectomía. Y en eso consiste la obra.
Estuve toda la noche pensando en eso y en el posible mensaje detrás de la obra, al menos del que puedo percibir en líneas generales y que tiene que ver con la idea de la inutilidad del arte o del acto creativo o la simple creación como situación de frustración que es llevada al límite y de la posibilidad de un futuro que es anulado. Nada más perturbador que eyacular (dejar tu última simiente) en un cadáver, más allá de la necrofilia lo que está en juego es la expectativa de un futuro. Personalmente la necrofilia me parece lo menos importante (en tanto es sólo un medio para decir) de la obra y sin embargo es lo que la hace ser, lo que hace a esta performance tan polémica y lo que hace que uno se haga allí la pregunta clave: ¿qué hace que esto sea ahora el arte?

Volviendo al ensayo de Thomas McEvilley es muy interesante porque analiza el vínculo entre el accionismo más radical (los accionistas vieneses, Burden, Stelarc, etc) y las prácticas chamánicas. La autolesión y la automutilación son los rasgos más distintivos de estos artistas de la performance, rasgos que también son típicos de las actuaciones chamánicas y de ritos de iniciación primitivos: “los chamanes siberianos se cortaban mientras estaban sumidos en estados de éxtasis provocados por drogas, alcohol, tambores y baile. Los chamanes tibetanos supuestamente pueden hendir sus vientres y exhibir sus entrañas”
En suma la trasposición de estas prácticas chamánicas al mundo del arte hace que a la luz de un paradigma distinto estas sean vistas como prácticas extremas, cuando en realidad proceden de un tipo de conducta más bien rituálica en donde el esquema moral es otro. No me quiero meter en terreno espinoso, usar la palabra moral es problemático siempre, pero creo que puede ilustrar la idea de recontextualizar una práctica y darle un nuevo valor que por el nuevo contexto puede resultar violenta.
Cito extensamente a McEvilley:

“En sociedades donde la profesión chamánica permanece intacta, los chamanes han sido quizás las figuras culturales mejor definidas y más poderosas de la historia. Los poetas, mitógrafos, artistas visuales, músicos, médicos, psicoterapeutas, científicos, hechiceros, enterradores, psicopompos y sacerdotes de sus grupos tribales, han sido sistemas culturales de una sola persona. También han sido figuras de poder independientes, incontrolables y excéntricas, cuyas carreras a menudo se han originado en episodios psicóticos, lo que los antropólogos llaman la “vocación de enfermedad”. Como consecuencia, cuando las sociedades incrementan sus exigencias de orden interno, el viejo papel chamánico, con su inasimilable combinación de poder y libertad, se desmenuza en profesiones especializadas más manejables; en nuestra sociedad, el médico, el poeta, el artista, y otros, han heredado cada uno de ellos una pizca del manto original del chamán. A partir del periodo romántico se hizo un intento de reconstruir algo parecido a la plenitud del papel chamánico en el reino del arte; los poetas fueron especialmente aptos para atribuir poderes tanto de curación como de trascendencia a la experiencia artística. Este proyecto ha sido representado durante los últimos veinte años por aquellos artistas cuya obra toma sus materiales de la historia más antigua de la religión”.

Detrás de las prácticas de muchos accionistas de performance radical hay una pulsión tanática, una voluntad curativa y una suerte de voto religioso también (que es lo que conduce la voluntad hacia cualquier tipo de práctica por un encuentro con lo sagrado). No resulta muy sorprendente que estas acciones radicales empezaran a realizarse cercanas a la época en la que también Jimi Hendrix incendiaba su guitarra en vivo y se me ocurre pensar en Hendrix porque es en el universo del rock (o de la música pop) donde estas prácticas chamánicas también han tenido una gran influencia.

Pero lo que me interesaba subrayar desde el comienzo es la respuesta duchampiana de “¿y que pasaría si lo fuera? que nos hace preguntarnos ¿que condiciones hacen que esto sea ahora el arte? porque creo sentir una preocupación general (saludable) entre mucha gente de mi generación por ir a la caza de lo nuevo, pero creo que muchas veces esa caza está fijada más en el objeto que en las condiciones: se espera que el objeto cree las condiciones, cuando es al revés: son justamente las condiciones las que crean el objeto estético y son por esas condiciones por las que debemos preocuparnos y preguntarnos (cada uno, es un asunto personal), porque son las que nos hace ser lo que somos. No se trata de fatalidad, no hay palabra más horrenda, la fatalidad es perder el interés por la preocupación en el futuro y el presente, es la reducción a un estado mecánico de la vida. Y yo estoy pensando en todo lo contrario: en una conciencia de las condiciones que haga que sepamos darle nombre a eso que tenemos al frente y que no vemos aún del todo claro, un entusiasmo por reconocer eso que se ha gestado y no por rellenar con algo que no existe un nombre que también es falso. Por eso ponía el ejemplo del arte extremo, que no es una cosa cool. La necrofilia no basta, la necrofilia no hace al arte. Es el arte la que de pronto la necesita o si quieren para abrir mas la cosa, es el discurso la que de pronto la necesita, es finalmente el sentido de las cosas lo que importa, no los objetos ni las apariencias que siempre serán circunstanciales, arbitrarios y por lo mismo con todo derecho fugaces. Como diría Bolaños no puede existir una media sino existe primero un pie y ese pie es justamente el quid.

Monday, November 19, 2007

Buuuuuuu: fin de semana leyendo Mediums y Fantasmas (1)




Confieso que no tengo mayores noticias de Robert Tocquet, no sé si sea alguien con credibilidad y con algún tipo de aceptación (o atención) en la comunidad científica (tengo la impresión de que no) sin embargo no voy a negar que leer su libro Mediums y Fantasmas: mesas giratorias, levitaciones, casas encantadas y fantasmas ha sido una de las experiencias más gratas que he tenido en lo que va del año. Más por su asombrosa cantidad de datos alucinantes que por otra cosa.

Tenía el libro en casa desde hace muchos años, de la época en que mi casa era punto de encuentro de un montón de gente extraña (al menos en ese momento) que se juntaban para hablar sobre religiones, ciencias ocultas, y de paso leerse el tarot. Eran muy divertidos, yo era apenas un niño entonces pero merodeaba por ahí atraído por esos libros de tapa dura y simbologías raras, libros de Hermes Trimegisto, Fulcanelli, Eliphas Levi, Annie Besant, Roso de Luna, Blavatsky, el Kybalion, el I Ching y un largo etc, comprados todos en la avenida Grau o Quilca, desfilaban por ahí. Yo no entendía nada pero me gustaba escucharlos hablar: “no toques ese libro, está cargado” y cosas así. Se tomaban todo muy en serio y como no, yo fui aprendiendo un poco de eso. Y bueno, el grupo se disolvió, los libros empezaron a irse, algunos quedaron, algunas curiosidades nunca se me quitaron, y así yo me fui comprando también otros libros similares o los mismos. De los que quedaron estaba este Mediums y Fantasmas que finalmente leí hace unos días de manera casi obsesiva ante lo fascinante del tema.

Debo agregar que mi interés inicial era terminar de leer un libro sobre Historia del Ocultismo que había dejado inconcluso hace muchos años pero terminé topándome sorpresivamente con Tocquet. Este interés había despertado por el descubrimiento de quien se está convirtiendo en otra obsesión personal: Juan Eduardo Cirlot. De él por el momento sólo puedo decir que junto con Luis Cernuda debe ser de los más grandes poetas españoles del siglo XX. Un obsesionado con el ocultismo, admirador de Lovecraft, del arte de vanguardia (sobre todo del surrealismo), coleccionista de espadas medievales, compositor, etc. Si siguen la saga dedicada a su hechizada musa Bronwyn pueden encontrar algunos experimentos de poesía visual/permutacional/fonética, que en realidad están más cercanos a cosas como la tradición de la cábala pero que uno los lee perfectamente como poesía de vanguardia, en un encuentro fascinante entre el pasado y el futuro. En fin, todo un mundo por descubrir.

Pero volvamos a Mediums y Fantasmas. Se trata de uno de estos libros dedicados a las ciencias ocultas que la editorial Plaza & Janes publicaba en los 70s y que se pueden identificar porque todos tienen ese célebre epígrafe de Paul Eluard que dice: “Hay otros mundos, pero están en este” como para no dejar de pensar en el vínculo que siempre existió entre el surrealismo y el esoterismo, tema que a Cirlot, por cierto, le interesaba mucho.
Bueno el libro está lleno de datos realmente alucinantes. Brevemente haré un resumen de cada capítulo a fin de que se puedan hacer una idea de en que onda va.


Capítulo 1

Movimientos de objetos sin contacto o Telecinesia:




Luego de hacer una breve introducción sobre las motivaciones de la publicación del libro y de hablar a grandes rasgos de otros investigadores que se han dedicado al tema así como de informarnos de la existencia del Instituto Metapíquico Internacional (IMI), dedicado rigurosamente a documentar y estudiar todo tipo de experiencias paranormales, el libro finalmente se abre con un capítulo dedicado de la Telecinesia. En este capítulo se nos habla de muchos famosos mediums que podían mover cosas sin tener que tocarlas. Hay que recordar que el medium es, según la doctrina espiritista, “esa persona dotada de poderes paranormales, que le permiten comunicarse con el más allá, o sea, recibir los mensajes de los espíritus”. Los dos más famosos mediums son Daniel Dunglas Home y la entrañable Eusapia Paladino, quien terminó casada con un charlatán que viviendo de la fama de su esposa terminó haciendo demostraciones falsas de telecinecia. Por su parte Dunglas Home escribió un libro espléndidamente titulado Revelaciones acerca de mi vida sobrenatural (si alguien tiene una copia de ese libro le rogaría me escriba) donde se narra algunas de las experiencias que Tocquet cuenta. Dunglas hacía sonar instrumentos, hacía girar mesas y en general movía cosas, luego de lo cual quedaba profundamente exhausto y con un ligero trastorno. Se le hizo algunas pruebas para tratar de explicar el porqué de estos movimientos (documentados y con testigos) y se terminó por especular que la energía psíquica utilizaría algún tipo de conductor para poder manifestarse así como también se especuló sobre “la existencia de una fuerza asociada, de una manera no explicada aún, al organismo humano, fuerza que permite añadir a cuerpos sólidos un aumento de peso, sin contacto efectivo”. Esto explicaría pues el porqué del movimiento de los objetos, ya que ese aumento de peso recaía en una parte del objeto en cuestión. Mención aparte para la sección de este capítulo dedicada a los Raps que son todos esos ruidos insólitos que se presentan cada vez que se realizan experiencias de telecinesia y que bien atendidos, en determinados intervalos de tiempo, tienen una secuencia que sustituyendo las letras (de acuerdo a su ubicación en el alfabeto) por el minuto en que se producen dichos raps, generan una palabra, por lo general un nombre, que bueno, la verdad no quisiera estar allí presente si se tratara del tuyo (o del mío).

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Capítulo 2

Levitación del cuerpo humano

Friday, October 19, 2007

Nautical Almanac en Lima




Desde Baltimore, USA, llegan de visita a Lima, Nautical Almanac, una de las bandas mas aguerridas y extrañas (y eso quiero recalcarlo) de esa escena que se ha hizo conocida como "avant free folk" (de donde tambien salieron Black Dice, Wolf Eyes, Animal Collective, etc).
Este martes 23 haran una primera presentacion en el directorio, un nuevo local ubicado en el centro de Lima, acompañados de algunas bandas locales. El ingreso es libre. La hora es 10 pm. Para fines de noviembre preparan un show en Lima que sera espectacular. Ya les estare informando.

Hagan click a la imagen para ampliar.

Thursday, October 11, 2007

Otro fin de semana

La visita de Bjork a Lima es un sueño hecho realidad para muchos. Como también lo fue el concierto de Lovelieschrushing hace un par de semanas, y en especial para Toño Zelada de Resplandor, que esa noche tuvo de invitado especial al mismísimo Robin Guthrie, de los Cocteau Twins, en su banda. Los diez minutos que duró la intervención del escocés deben haber sido los diez minutos más gloriosos de Resplandor en toda su existencia. Bien por Toño y esperemos que Automatic siga consolidándose.
Volviendo a Bjork, bueno, ya me compré la entrada. Estoy muy entusiasmado en realidad por el concierto, estuve escuchando el Volta y en realidad el disco está muy bien, Bjork siempre canibalizando música. Las partes más electrónicas del disco están entre lo más agresivo que ha hecho la islandesa en los últimos años.

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La otra vez me encontré en el oso con un amigo crítico de rock que me preguntó “ya Luis, adelanta, cual es tu disco favorito del año”. En realidad no sabía que decir, “creo que no he escuchado muchos discos de este año”, “al menos no muchos discos de rock”. Me dijo que el de The National estaba entre sus candidatos. Yo le dije que el de Panda Bear estaba bueno, aunque en realidad lo dije sin convicción. No recordaba que discos había oído este año. Intentaba hacer una búsqueda mental. “Ah, ya sé, el de Battles está bueno”. Luego viramos el tema a Kill Your Idols, el documental que se ha editado hace un tiempo sobre la escena neoyorkina y que este brother se lo había comprado. Quedamos en un intercambio de dvds, “ese a cambio de los de Richard Kern y el de Nick Zedd”. “Perfecto”. Luego recordé que tenía prestados los dvds que le estaba ofreciendo. No hay problema, espero retornen rápido. Aunque al respecto, en Lima, nunca se sabe.
Días después estuve pensando en que discos me habían gustado. Entre los pocos que escuché podría decir el nuevo de Of Montreal, el de Deerhunter y el de Lichens, ah y claro el de mi adorada Colleen. Son los únicos que entre la ruma de mp3, he escuchado varias, muchas veces.


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El viernes pasado fui a ver a Los Zapping. Presentaban su nuevo disco, editado con Mundano Records. Hacía tiempo que no iba a un concierto sólo. Me encontré allí con dos amigas y desde atrás, entre muchas cabezas adolescentes, vimos al grupo. Son muy divertidos y definitivamente muy talentosos, “Vietnam” es un gran tema. Hicieron un par de covers de Pavement, cosa que ya es un plus. En otros conciertos me ha resultado insoportable toda esta nota de las burbujas y el rollito indie naif. Con Los Zapping sin embargo uno se metía en el juego. Brenda me enseñó ese día a hacer burbujas llenas de humo de cigarro. Al final del concierto, creo que fue Lucas, el bajista, quien dijo “Bueno, esta canción se llama Monster”, su compañero, creo que el cantante, dijo de manera solapa “esta canción se llama Lucas”. Definitivamente, ellos si que saben divertirse. No les pierdan la pista.

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He estado leyendo muchas cosas últimamente. Por diversas razones, por trabajo y por puro placer. Estuve leyendo sobre poesía visual, sobre concretismo, experimentos tipográficos, sobre Eielson, etc. Con una amiga, fuimos a buscar a Cesar Toro Montalvo, el poeta visual por excelencia en el Perú. Fue un encuentro bien raro, que en otro momento detallaré. Nos contó que hace varios años en Colombia, en un encuentro de poesía, colaboró con el canadiense Paul Dutton en una performance de poesía sonora. Consiguieron que todo el público (que por lo que nos dijo, no eran cientos, sino miles) hiciera sonidos vocales tipo oooouuooouuuaaaa. Tal parece ese es el único momento feliz de la poesía sonora hecha por algún peruano (los experimentos de Eielson no están documentados, lamentablemente). Siendo el Perú un país con tan buenos músicos y tan buenos poetas, qué extraño que nunca haya habido mayores intentos de poesía sonora. O sea, no poesía recitada, ni canciones con textos poéticos, sino poesía sonora, que como diría mi abuela es ya otro cantar. En fin.

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Les dejo una serie que encontré en la red, muy divertida, sobre diferentes variaciones a partir de la Monalisa, deben haber millones más, pero esta selección esta simpática y no incluye la de Botero.


Léonard de Vinci, La Joconde (1503-1506),



Marcel Duchamp, L.H.O.O.Q. (1919)


Asbjorn Lonvig, Mona VIII (2003)


Salvador Dali, Autoportrait en Mona Lisa (1954)




Charlie Hall, Mona Laughter (1990)


Mona Lizard (?)


Paul Giovanopoulos, Mona Lisa (1988)


Fernand Léger, Joconde aux clefs (1930)


Gloria Irvine


Charles Adams, I Think You Know Everybody (1979)


On vole La Joconde en 1911!


La Salle des États du Louvre réaménagée